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lunes, 25 de agosto de 2014

CANGREJISMO DESMESURADO

CANGREJISMO DESMESURADO
Habla una teoría conocida como el síndrome de la cesta de cangrejos, según la cual alguien que está intentando salir de una situación desfavorable, las personas que la rodean no se prestan a ayudarle e incluso hacen todo lo posible para que no salga de ella.

La verdad y pura verdad es que esto ni es , ni debe ser así o al menos así se tercia en una sociedad plural, donde cada día más funcionamos por afinidad que por interés , pues intereses quedan pocos y nos regimos por una rutina de supervivencia austera.

No obstante y analizando su contenido, e investigando un poco las causalidades que te llegan y hacen pensar, decir el concepto fue desarrollado por Sigmund Freud, quien se inspiró en una ida a la pescadería, donde encontró un señor vendiendo cangrejos vivos en una cubeta. En esta cubeta se fijó en un hecho tan simple como que si pones un cangrejo dentro de un cubo el cangrejo intentará salir de la cesta.

Sin embargo si pones muchos cangrejos dentro de un cubo ocurrirá algo muy curioso: ninguno de los cangrejos saldrá, porque si uno de ellos lo intenta, los demás lo agarrarán y lo llevarán hacia abajo para evitar que huya del cubo.

Es evidente y cuando lo lees y reflexionas más, que el cangrejismo o síndrome del cangrejo, es una teoría de la psicología social en la que alguien al no lograr sus objetivos, o subir de puesto, culpa a la sociedad de sus fracasos personales, creyendo que todos conspiran contra el.

Incluso yendo un poco más allá está claro según esta teoría que el hecho de que un cangrejo suba, significa que otro tiene que estar abajo, y cuando un cangrejo logra subir, en vez de ayudar a los otros a subir, los mira con desdén y exculpará a los demás cangrejos de su éxito personal.

Es cierto también que los cangrejos, son solamente cangrejos, cangrejos que tiran de ti hacia abajo para que no escapes de la cesta. Incluso tú posiblemente en muchas ocasiones has sido el cangrejo que ha intentado evitar que otro subiera, por problemas de competitividad o simplemente envidia.

La envidia como tal es un mecanismo que trata de reaccionar contra la subida de estatus de una persona cercana, por que en definitiva la subida de estatus de una persona, es comparativamente una bajada de nuestro estatus o valía, lo cual no es plenamente cierto.

Y no es plenamente cierto porque según mi opinión cada uno tenemos una trayectoria, somos victimas de nuestros actos y merecedores de nuestras propias ilusiones, lo cual no es cuestión baladí en las relaciones neuróticas en las que anidan las fantasías acerca del crecimiento personal y la de crecimiento del otro, de nuestra propia soledad o de nuestra relación social, por decir un ejemplo de crecimiento personal.

En definitiva una de las moralejas que nos puede ayudar a ser consciente del efecto del cubo de cangrejos es que por una parte nuestros actos nos tienen que llevar a ir encontrando los actos y personas adecuadas a nuestra propias vidas, nuestra manada,aunque sea una manada cangrejil y a nuestra propia realidad ,la nuestra, sin culpar al mundo exterior de las consecuencias de nuestros quehaceres mundanos, en los que el problema no es de la otra persona, sino el hecho de que por ser tu propio cangrejo tirano, seras el que piense y se proponga que:” les guste o no a los otros cangrejos, al final vas a conseguir salir de la cesta".

Ferran Aparicio
25 de agosto de 2014


LA GRAN EVASIÓN de CHARLES BUKOWSKI

“Escucha, dijo, ¿has visto alguna vez un montón de cangrejos en un cubo?
No, le contesté. Bueno, lo que ocurre es que de vez en cuando un cangrejo se sube encima de los demás y empieza a trepar hacia el borde del cubo, entonces, cuando está a punto de escapar otro cangrejo lo agarra y le hace caer ¿en serio?, pregunté.
En serio, dijo, y este trabajo es así mismo, ninguno quiere que algún otro salga de aquí ¡ así son las cosas en correos!
Te creo, asentí. Justo en ese momento se acercó el supervisor y dijo: estabais hablando, no se puede hablar en este trabajo. Llevaba allí once años y medio.
Me levanté de la banqueta y trepé hasta el supervisor y luego me aupé y conseguí salir de allí. Fue tan sencillo que resultó increíble, pero no me siguió ninguno de los otros.
Y a partir de entonces, cada vez que comía patas de cangrejo me acordaba de aquel sitio.
Debí de acordarme de aquel sitio unas 5 ó 6 veces antes de pasarme a la langosta“