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miércoles, 30 de agosto de 2017

NI PIDAS A QUIEN PIDIO, NI SIRVAS A QUIEN SIRVIO


Dice el refranero español y el compendio de latinos glosados que: “Ni pidas a quien pidió, ni sirvas a quien  sirvió”, fue muchas veces trastocado diciendo: Ni sirvas a quien sirvió, ni pidas a quien pidió, trastocados los términos.

Significa el refrán, que el que pidió, nunca ha de acertar a hacer  beneficiario alguno, ni que el que sirvió a ser amo. Otra acepción genérica dice, porqué los que de estado humilde suben a grandeza, suelen ser más  soberbios e insufribles que los que nacen nobles y poderosos.
Ni todo se ha de callar, ni todo se ha de hablar, pero valga la redundancia en su contenido un cuento que más o menos decía:

“ Un rio , desde su orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto. Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el rio trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaba a éstas.

Estaba convencido, no obstante, de que su destino  era cruzar ese desierto y sin embargo no había sorteado todos los obstáculos, el rio trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto como llegaba a éstas.

Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto y sin embargo, no había manera. Desde su interior surgió un susurro, que le decía: El viento cruza el desierto y así puede hacerlo el río. El rio objetó que se estaba estrellando contra las arenas y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la que podrá cruzar el desierto.

Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo el nunca había  sido absorbido antes. No quería perder su individualidad, siempre había luchado por ella, era un espíritu libre , generoso y colaborador y una vez perdido todo esto, cómo uno puede saber si podrá recuperarlo alguna vez, se preguntaba.

De repente escuchó un grito: El viento, le dijeron las arenas , cumple esta función. Eleva el agua, la trasporta sobre la tierra y luego la deja caer, emanando como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río.

Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó u estado en el cual era él, o una parte de él, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó que eso era lo que realmente debía hacer, aun cuando no fuera lo más obvio. Y el río elevo sus vapores  en los acogedores  brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas tierras más lejos.

Y porque el río había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia, reflexiono y asintió ahora conozco mi verdadera identidad. El río estaba aprehendiendo por las arenas susurraron: nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día y porque nosotras las arena, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña pero somos inamovibles”

Y por eso que se dice que el camino en el cual el rio de la vida ha de continuar su travesía, está escrito en las arenas.

Preocúpate más de tu consciencia, que por tu reputación, porque tu consciencia es lo que eres y la reputación es lo que demás piensan de ti, que a la sazón es el problema de los demás.
Ferrán Aparicio
     30 de agosto de 2017