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lunes, 1 de mayo de 2017

POR QUÉ Y PARA QUÉ

Hay cosas que tienen su gracia “persé”, es decir por si mismas, como son los niños cuando en la etapa que empiezan a hablar de alguna manera entendible, empiezan a preguntar por el por qué de las cosas y de todo en general, sin más.

Pensado fríamente la verdad es que no les falta razón y los adultos no deberíamos abandonar esa costumbre, pues constantemente nos encontramos en la social media cantidad de  títulos que no nos dejan de sorprender  sobre cualquier cosa que te puedas imaginar y no nos preguntamos el por qué y para qué.

Pero lo que también es verdad es que Internet en general y redes como Facebook en particular están sufriendo el síndrome del porqué y para qué,  planteando si en el fondo la verdad ratifica lo que se expresa o estamos ante un bulo social y circunstancial.

Si lo pensamos nos damos  cuenta  que nos pasamos el día leyendo titulares de esos que se supone que van a generar mucho tráfico y luego no te encuentras más que contenido intrascendente y tonterías  varias. Lo que al final pasa que te vuelves  más escéptico y te preguntas, por qué  y para qué sigues la cadena  y llegas a la conclusión, si no será mucho más útil apagar el ordenador y coger un buen libro… y la respuesta suele ser la segunda.

Poco a poco la táctica va sustituyendo a la estrategia, cuando debería ser todo lo contrario o al menos pensar por qué y para qué, hacemos cada acto de nuestra vida. Lo difícil en este momento no es encontrar ideas nuevas o acciones sobre la forma de hacer las cosas, lo realmente complicado es descubrir qué quieres, por qué lo quieres, y para qué lo quieres y finalmente  qué pasos debes dar para conseguirlo. 

Yo soy de la teoría que las cosas llegan en su justo momento y últimamente que todo y digo todo, incluso las personas tenemos fecha de caducidad, no sólo porque el final de nuestra vida es cruzar al otro lado del lago, y caduquemos, sino porque vamos evolucionando en el tiempo lo que nos hace diferentes en dos puntos de nuestra  vida y a eso se le llama vivir.

Cada una de esas etapas tendrá una serie de metas y cada una de estas metas se podrá desglosar en acciones y tareas. Pero lo que no tiene sentido es perderse en recopilar decenas o centenares de consejos sobre cualquier aspecto que alguien considere fundamental.

No se trata de hacer un coaching personal o de manejar un decálogo ideal sobre el bienestar emocional, al final solo se trata de saber cómo los niños el por qué y el para qué te vas mover, si es que te tienes que mover o como el gueco sólo te moverás cuando tengas claro la trayectoria que vas a seguir y para que vas a iniciar un movimiento.

La teoría es genial, en cuanto  base de la experiencia y ciencia comprobada nos sirve para argumentar, pero una vez asimilada la práctica es lo único que nos ayuda a movernos, es por ello que te animo a que te plantees el por qué y para qué y en caso de duda no te muevas como el gueco  hasta que lo tengas claro.

    Ferrán Aparicio
 1 de mayo de 2017

lunes, 20 de febrero de 2017

MOTIVACION CONCERTADA

Para identificar unas causas debemos en primer lugar entender la conducta humana y lo qué hace que en un momento dado que la persona se sienta frustrada, ante un objetivo mal planteado y es que incluso los objetivos tienen grados y muchas veces nos planteamos objetivos imposibles e inalcanzables.

Nuestras acciones en la vida, por lo general, están orientadas a conseguir objetivos; desde escribir  mejor, vestir  mejor, pintar mejor,…., hasta aquello que nos gusta o preocupa… Tener objetivos nos mantiene ocupados y también motivados; tenemos una meta y queremos llegar a ella. 

Al final solo se trata de que la persona motivada  pone todos sus esfuerzos en alcanzar el objetivo que se propone, y en el caso del trabajo, los objetivos son también en beneficio de la empresa y en el caso de la persona en su autoestima, pues como en todo, una vez conseguido el objetivo este se devalúa en su apreciación, puesto que ya está conseguido y poseído.

Se establece así un proceso que toda persona  asume mentalmente: tenemos una idea, lo convertimos en un objetivo, nos motivamos para que se cumpla, y finalmente lo llevo a cabo. Algo así como el principio de acción y reacción pero con fases intermedias y llevando el proceso con una racionalidad absoluta.

El problema surge cuando no llegamos a la meta y surge la perdida de motivación o desmotivación y se llega al  estancamiento o falta de progreso.

 A veces es cuestión de monotonía y la falta de participación en otras áreas de la vida que hacen que la persona  sienta que su desarrollo personal está estancado y que ya no tiene nada más que ofrecer o simplemente un problema de comunicación o de socialización.

La mala comunicación o entendimiento con nuestro medio o gente que nos rodea , tanto en lo personal como en lo laboral crea un clima de  inseguridad, en el que la persona no se siente cómodo aportando su opinión y el silencio habla por sí sólo, empeorando la situación.

En sesun contrario, la falta de confianza y concordancia con la sociedad y las personas  consigo mismo genera una desconfianza porque implica perder el respeto por ellos y por los demás.  Es imprescindible que la persona esté convencida de la capacidad  cómo se hacen las cosas siendo otra causa de desmotivación; sentirse cómodo con la filosofía que domina tu vida  y  con la forma de vivir  son el secreto, pues  ésta es una de las claves para seguir estando motivado.

La desmotivación resulta un problema  que afecta directamente  a nuestra relación general con todo lo que nos afecta pues cuando una persona se siente desmotivada no puede dar lo mejor de sí misma y con su mala actitud puede afectar al clima general que le rodea, tanto laboral como familiar o circunstancial.

Por lo tanto, la desmotivación  no es patrimonio solamente de la persona, sino  muchas veces del ámbito que nos rodea, salir de este ámbito negativo y tóxico,  es una forma de enfrentarse a conocer nuevos posicionamientos, como siempre la vida está llena de posibilidades, eso sí siempre con una motivación concertada.
                            Ferrán Aparicio
                        20 de febrero de 2017


jueves, 15 de diciembre de 2016

MOTIVACIÓN ESCEPTICA

Ya destella y resuena en las calles, la temporada de la magia de la navidad, con el encendido de las luces, los cánticos navideños y demás  parafernalia adherida a estas fiestas de paz y amor y el árbol en el salón.

Para mucha gente es una motivación religiosa la que existe detrás de estas festividades, para otros es una motivación escéptica, pero  en cualquiera de las variantes, que no nos falte un buen pavo al horno y una copita de  cava, eso si, el que pueda  permitírselo , pero el problema que me resuena es cual mi motivación respecto a todo lo que sucede a mi alrededor y de lo cual no puedo pasar página, pues son parte del escenario teatral social de  esta temporada hasta que pase la Epifanía del señor.

La motivación como la pasión son unos de los motores de la vida, todos queremos estar motivados, motivar a alguien o simplemente que nos motiven. Por definición la “motivación” es lo que  explica el inicio, la dirección y el mantenimiento de la acción, de una forma voluntaria incluso entusiasta.

La motivación también tiene carácter entusiasta en cuanto que manifiesta nuestra voluntad, y aunque parece que voluntad y motivación tienen el mismo significado, la realidad es que cuando le añadimos colores, texturas, formas,…, incluso adjetivos que los acompañen, pertenecen a dos enfoques totalmente diferentes.

Las diferencias pensadas en frío y con perspectiva de nuestras propias circunstancias es que la voluntad decide la acción y la motivación  explica de alguna forma el comportamiento.

El problema es que  si no estamos  motivados no ejercemos la acción, lo cual es incierto  y surge la idea de la motivación escéptica, aquella por la que de una forma voluntaria hacemos algo por costumbre sin ir más allá de su sentido o de lo que representa.

Cuántas veces hemos tenido  que oír aquello de que tienes que hacer lo que debes hacer, aunque no tengas ganas, o en su caso no te apetezca, bien de una forma externa o bien nuestro pepito grillo que nos lo recuerda  como mensajero de nuestra propia conciencia, y al final te convences que es mejor estar motivado para hacer o vivir las cosas o situaciones.
Con la Navidad sucede un poco lo mismo, el interés, el ánimo, la energía, favorece su desarrollo independientemente de tu posicionamiento.

Al final el deber es un recurso que entra en juego cuando la motivación desfallece y tan sólo se trata de  motivar, animar, ayudar y estimular el sentimiento de la navidad. Así mismo aunque parezca todo lo contrario, pienso que el deber no es contrario a la libertad, sino un factor imprescindible para libertad y la convivencia justa.

El deber es en definitiva un marco de seguridad que nos salva cuando la motivación no funciona.

Les animo a fomentar la motivación o el entusiasmo navideño, pues aunque no queramos en el teatro de la vida, la escena continua y al final solo se trata de encontrar el sentido a las cosas.

                                                           Ferrán Aparicio      
                                                        15 de Diciembre de 2016