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lunes, 20 de julio de 2015

AL NO TIEMPO

Llevo una temporada que la verdad es que voy un poquito acelerado, mi mente va más rápida que mi cuerpo y sólo hace que planificar y programar, sin embargo mi cuerpo no le sigue y me he llegado a replantear que al amparo de la teoría de Green, todo nos cuesta más tiempo estadísticamente de él que pensamos al planificarlo, eso sí, como regla general.
 
Dicen que siempre hay que pensar al menos un minuto antes de empezar una acción para focalizar lo que tenemos planificado, sin embargo las prisas, la ansiedad y el querer acabar algo antes de empezarlo es un proceso muy común y cotidiano, comemos por inercia sin saborear lo que ingerimos, leemos sin profundidad lo que leemos, sin fijarnos que existen puntos, comas y párrafos que van delimitando un significado y así un sinfín de procesos que repetimos día a día de una forma rutinariamente automática.

Lo que me planteo es cuando decimos “no tengo tiempo”, no caemos en la cuenta que cuando tenemos tiempo para priorizar lo que queremos hacer con una lista de prioridades, y por lo tanto estamos errando.
El afirmar “no tengo tiempo”, implica un poco la relación de la acción con la apetencia, es decir no me apetece hacer nada o dejar de hacer lo que hago para realizar otra acción impuesta y no cesaría al menos en ese momento.

Lo que sí que está claro es por norma aquello que queremos, aunque sea en el tiempo tendemos a conseguirlo por nuestra perseverancia, eso sí, con objetivos alcanzables, no con objetivos irreales, si esto lo tuviéramos diariamente más claro entonces tendríamos tiempo para todo aquello que somos capaces de priorizar en el tiempo, dejando el no tiempo como algo complementario en el caso de que nos quedara algo de tiempo.

Cuando decimos que no tenemos tiempo, estamos ratificando de alguna forma, que aquello por lo que no invertimos un tiempo o en cierta forma un sacrificio, no nos apasiona o no nos interesa demasiado y que hay algo más o menos importante que nos apetece más, sin embargo en general decimos mucho y hacemos poco, para demostrarnos al menos a nosotros mismos aquello de que nos apasiona y por tanto en cierta medida nos hace felices.

 En general todos tenemos más ideas y proyectos que tiempo para desarrollarlos, sin embargo pensar en el “no tiempo”, implica el priorizar aquello que es más importante aunque sea simplemente porque nos apasiona para simplemente delegar subsidiariamente en el tiempo aquello que no nos interesa o no necesitamos de una forma inmediata.

Todos tenemos algo que hacer; todos tenemos una opinión sobre la forma de hacer las cosas, a todos se nos ocurren ideas absurdas o geniales que pasarán desapercibidas si no las exponemos y nos las replanteamos en el tiempo.

 Le animo a reflexionar sobre el hecho de que para que ocurran las cosas hay que hacer cosas, eso sí, con un orden y concierto, lleno de actitud y disciplina, como siempre, sin más.
 Ferrán Aparicio
20 de julio de 2015