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jueves, 10 de agosto de 2017

EL YIN YANG DE LA SOLEDAD

Describe las dos fuerzas fundamentales opuestas y complementarias, que se encuentran en todas las cosas. El yin es el principio femenino, la tierra, la oscuridad, la pasividad y la absorción. El yang es el principio masculino, el cielo, la luz, la actividad y la penetración.

El yin yang son dos conceptos del taoísmo, que expone dualidad de todo lo que existe en el universo. El yang es una energía luminosa, positiva que se presenta de manera intensa, en cambio, el yin es una luz pasiva, negativa. 

Cada objeto o situación se relaciona con estas dos dualidades y el feng shui se encarga de encontrar un equilibrio para lograr bienestar y fortuna.

Algunos autores relacionan el yin yang con luz y sol, hombre y mujer pero son definiciones equivocadas ya que el taoísmo es compuesto básicamente por energía positiva o negativa. Las dos esferas dentro del símbolo representan la idea de que cada una de las fuerzas alcanza su punto extremo y se manifiesta dentro de sí un sentimiento opuesto.

En relación al punto anterior, cuando existe un equilibrio es sinónimo de bienestar pero cuando se rompe el mismo se puede observar conflicto en la vida del ser humano, ya que no debe de existir exceso ni carencia de yin o yang ya que influye en la energía de forma negativa y la práctica de feng shui permite percibir y buscar el equilibrio en los hogares y en la vida del individuo.

Con la soledad sucede un poco lo mismo pòr una parte resulta pasiva, oscura y absorbente ya al mismo tiempo en ese yin yang del equilibrio es luz, actividad y penetración.

La soledad tiene muchas caras: conformismo, valentía, disfrute o sufrimiento. Frida Kahlo las resume todas en este precioso poema, que como siempre les transcribo:

Se venden soledades frágiles, esas que susurran al oído que no somos felices si no tenemos a alguien más.

Se regalan soledades conformistas, las que te obligan a quedarte en un lugar donde tu corazón no quiere estar.

Se rompen soledades adictas al sufrimiento, baja autoestima y doble moral.

Se desechan soledades de rechazo y culpabilidad, de terribles reproches y represiones, de esa pertubadora voz que te dice que nada cambiará.

Oh, querida soledad, de ti han hablado muy mal, has devorado almas pero tu objetivo es transformar. Asustas y quebrantas, eres la portadora de un nuevo comenzar.

Se alquilan soledades apacibles, las que cautivan y cuestionan la feminidad. Las que con sus silencios nos llevan a conocer nuestra sexualidad.

Se comparten soledades que buscan enseñar, ver más allá de físicos y etiquetas, lo divino que es cambiar.

Se transforman soledades en donde la mujer se pueda apoderar de esas crueles mentiras y cadenas que no nos dejan avanzar.

Se enamoran soledades, la justicia y la maldad, lo blanco y lo negro, el eterno balance, así eres tú, irónica soledad.

¡Oh, “querida” soledad, te hemos juzgado mal!

      Ferrán Aparicio
10 de agosto de 2017

lunes, 20 de junio de 2016

ELEUTERIO, ELEUTERIO,..., SIEMPRE TRISTE Y SIEMPRE SERIO

El otro día revisando y organizando las fotografías de toda una vida, cosa que les recomiendo, pues aun siendo muy aficionado a la fotografía, reconozco públicamente que por vagueza o como decimos todos por falta de tiempo, no lo suelo hacer muy a menudo, me encontré que en todos los viajes siempre había ido a parar al cementerio local, como un punto de referencia de la endosicrasia de un pueblo.

Lo más chocante es después de capturar las imágenes de nuevo llegué a pensar, cuan diferentes eran todos entre si, desde el cementerio de “La recoleta” en Buenos Aires donde la ostentosidad  del estilismo arquitectónico sorprende al visitante al de  Santiago de Chile donde los nichos se multiplican en alturas como si de bungalows se tratara, pasando por la sobriedad de Perú o los escandinavos donde no existen cruces sino piedras con nombres, sobre un mar de césped o nieve en invierno.

Pasear por los cementerios, sea cual fuera el lugar, ciudad o nacionalidad, da una sensación de bienestar en primer lugar, porque tienes la sensación de estar vivo, si lees los epitafios te das cuenta como de distintos somos todos y sobre todo porque encuentras tu propia soledad y la de los demás en un principio de igualdad de destino, que no tiene limite ni de físico, sexo o edad.

No hay mayor soledad que la que transmite un cementerio y allí no hay nada más que símbolos que reflejan a los difuntos y mucha materia orgánica sin espíritu ni alma.

Yo soy de las personas que creen en la inmortalidad del alma y como tal creo en su liberación tras la muerte del cuerpo y estando el espíritu libre de su atadura carnal, solo queda lo supuestamente orgánico, sin embargo es el único elemento pseudo tangible de la memoria del difunto y por todo ello me merece su correspondiente respeto y de ahí la paz y soledad que se respira entre nichos y mausoleos.

Es bien cierto que en contra de la soledad y espiritualidad del cementerio, está el negocio de la muerte bien sea por cremación; bien por entierro y es que hasta para morirse hay que recurrir a la dignidad del dinero  por la parafernalia y negocio que gira alrededor de la muerte, pero también es cierto que hoy por hoy cada uno es libre de elegir como quiere acabar; si al libre albedrío del  sus cenizas al viento de donde le place, bien antes pasado por el horno ó enterrado serenamente en el lugar elegido, normalmente nicho o panteón familiar, pues con la crisis está de moda las reducciones y hoy en contra de lo que sucede con las viviendas cada día cabemos más  en ellos y hasta la Iglesia aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos; sin embargo, no prohíbe la cremación, a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana.

En fin, esta es la historia de cómo hemos cambiado de concepto cada uno  de nosotros en cuanto como acabar nuestros días, pero en contra de nuestra canción: “Eleuterio, Eleuterio, siempre triste siempre serio,..” les animo a ser felices y alegres , pues al final de una forma u otra , nuestras almas acaban en el mismo sitio.

                                                                 Ferrán Aparicio
                                                             20 de Junio de 2016



jueves, 5 de mayo de 2016

HABLANDO DE SOLEDADES

El otro día cayó en mis manos uno de esos decálogos que van transmitiendo los secretos para una vida, como si sencillo fuera vivir, como un tres en uno, que sirve para todo o casi todo y cada uno de los problemas que se nos presentan diariamente y la verdad que me hizo reflexionar sobre las trascendencia de la vida y las decisiones que un día u otro por necesidad, omisión o simplemente por sentido común, tenemos que tomar, todos los que nos sentimos los humanos.

Siempre me he preguntado por qué me gusta la soledad y la verdad que hay muchos motivos y en especial cuando ya has vivido con demasiado ruido en todas y cada una de las situaciones y etapas que todos tenemos en la vida y al final te das cuenta que necesitas respirar de vez en cuanto en tu propio ambiente.

La verdad que la situación de soledad no es cuestión de edad o a lo mejor sí, en cuanto que cada día nos hacemos más selectivos y apreciamos el sentido del silencio como algo sobrenatural en el mundo de la naturaleza que nos rodea y sobretodo porque nunca nos sentimos en absoluto silencio pues al menos nuestra respiración nos acompaña en todo momento, hecho que en contrario, sería mal asunto para el que reflexiona sobre la soledad y el silencio.

La cuestión es que la sociedad y el mundo de la filosofía y en especial la psicología clínica ha empezado a cambiar el concepto de la soledad como concepto de un diagnóstico claro de una variante de la depresión, para catalizar la idea del individuo como ser perfecto en habilidades que puede activar el individuo solo consigo mismo sin necesidad del rechazo o aprobación de los demás.

Soledad en términos sociales significa estar solo sin acompañamiento de una persona u otro ser vivo, pero también hay que reconocer en el origen su etimología como la propia elección como individuo libre al impuesto por la sociedad por alguna traba personal social o simplemente una enfermedad.

En este sentido Arthur Schopenhauer, sostenía que «la soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes.» y es que la soledad como instinto básico es necesaria porque nos permite descubrirnos quienes somos y que necesitamos.

En cualquier caso y en el caso que uno no acepte la soledad como el antídoto del ruido extremo en todos sus niveles y extensiones, vivir acompañado es el mejor antídoto contra la soledad, como lo es aun viviendo sólo utilizar los medios posibles para mantener y tener relaciones de una forma periódica.

Otros antídotos de cualquier decálogo versan sobre la actitud de mantenerse activo durante el mayor tiempo posible aprendiendo y compartiendo cosas nuevas a lo largo de una vida, eso sí solo o acompañado según de la actividad que se trate, pero en definitiva sólo se trata de hablar de soledad profundizando en uno mismo para detectar los motivos de nuestro sentimiento de soledad.

                                     Ferrán Aparicio
                                  5 de mayo de 2016




lunes, 25 de mayo de 2015

EL ARTE DE LA SOLEDAD


No sé si es porque la primavera la sangre altera  o porque  las amapolas están invadiendo el campo y está cerca la llegada del verano veranete, pero la verdad es que me estoy planteando el tema de la soledad como concepto absoluto en mi vida, no sé, si por  necesidad de un gran cambio o por cultivar una excelente  virtud, pero si al menos por curiosidad de saber que significa el arte de la soledad.

Como siempre tampoco sé, si por casualidad o causalidad, ha caido en mis manos un ejemplar del arte de la soledad de Osho y dentro de su filosofía particular, la comparto con ustedes, pues como siempre y en su peculiar linea, no tiene desperdicio y dentro de sus contradicciones, producidas por una dificil traducción, tiende a crear ciertas contradicciones en el lenguaje cognostitivo  del mundo occidental.
Por circunstancias personales he tratado mucho con la señora soledad, bien por mi formación y dedicación politecnica, bien porque mi constante hiperactividad, que me ha mantenido entretenido conmigo mismo,  con quien me llevo estupendamente por cierto , si bien nunca me he  aislado del mundo.

Pero lo que se concluye en el libro de Osho , es que el arte de estar sólo es un conocimiento de ejercicio interior  y aunque no nos lo parezca es una gran verdad. No podemos estar todo el día distraidos con lo que nos piden los demás,  el cuerpo la vida emiten señales que se van manifestando y hay que escucharlas y para ello es necesario llamar a la soledad o ejercer el arte de la soledad.

En este sentido la gente en general confunde el socializar con tener buenas relaciones, en cuanto que la gente se apega  y cuanto más se apega, más asusta a la otra persona, en cuanto le hacer sentirse menos libre, de una manera inconsciente, pues las dependencias no son buenas consejeras.
Lo que casi todo el mundo coincidimos es que el deseo de libertad es mucho mayor que cualquier otro deseo, pues es el que mejor y más refleja nuestra propia identidad como personas y como seres humanos, su profundidad es la que determina un comportamiento real y consciente de como nos queremos sentir o al menos nos gustaría, pues no  todo en la vida  es como nos imaginamos o deseamos, es como es y muchas veces como tiene que ser.

Lo que nos trasmite el arte de la soledad tanto en el relato, como en la vida misma es que estar centrado en tu propio ser, sin ansiar la necesidad de los demás es estar en autentico bienestar contigo mismo, en una situación en la que no se necesita nada más, y en definitiva es  la soledad y el arte de la soledad lo que prevalece.

Estar arraigado a tu propio ser, es lo que en definitiva te permite amar y arraigarte a los demás de una forma selectiva y no dependiente , sino de una forma amable y voluntaria desde tu propio conocimiento, pues como dice Osho : “si aprendes a estar solo y dichosamente solo, todo será posible”.

                                                               Ferran Aparicio
                                                          25 de mayo de 2015