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viernes, 1 de mayo de 2026

EL CUADERNO DE BITACORA DE LA VIDA

En la marina mercante, se conoce con el nombre de cuaderno de bitácora al libro en el que los marinos, en sus respectivas guardias, registraban los datos de lo acontecido.

Antiguamente, cuando los buques carecían de puente de mando cubierto, era costumbre guardar este cuaderno en el interior de la bitácora para preservarlo de las inclemencias, y de ahí viene su nombre.

El cuaderno de Bitácora, es también un libro en el que nos relata la vida o la experiencia de alguna persona en especial y también sirve en el desarrollo de un viaje para escribir en ella.

Hay objetos que no sirven solo para cumplir una función práctica, sino para recordarnos quiénes somos, y el cuaderno de bitácora es uno de ellos. Nació para acompañar viajes inciertos, para registrar coordenadas, tormentas, hallazgos y errores y sin embargo, más allá del mar y de los mapas, cada ser humano lleva aunque no siempre lo sepa, su propio cuaderno de bitácora interior.

La vida, como la navegación, se despliega por etapas y en cada una de ellas, escribimos sin tinta visible.

En la infancia, el cuaderno está casi en blanco, y las páginas huelen a promesa. Todo es descubrimiento: el primer miedo, la primera amistad, la primera pregunta que no encuentra respuesta. En esta etapa, la bitácora no registra grandes decisiones, sino asombros.

La juventud es la etapa de las tormentas, y es aquí donde el cuaderno comienza a llenarse con trazos intensos, pues se escriben sueños con letras grandes, se tachan certezas, se corrigen rumbos, en definitiva es el momento en que uno decide hacia dónde navegar, aun sin tener total claridad del destino.

En la adultez, el cuaderno se vuelve más reflexivo, pues ya no se escribe solo lo que se siente, sino lo que se construye y aquí el navegante entiende que no basta con soñar rutas: hay que sostenerlas. Se asumen responsabilidades, se toman decisiones que afectan a otros, se trazan metas más concretas.

La vejez es el momento de releer el cuaderno y en especial las páginas, ya gastadas, cuentan la historia de un trayecto único. Algunas líneas despiertan nostalgia; otras, orgullo, también hay rutas que no se tomaron, puertos que quedaron pendientes, pero también aprendizajes que solo el tiempo pudo escribir.

Si algo enseña la metáfora del cuaderno de bitácora es que la vida no se improvisa por completo y aunque no podamos prever cada tormenta, sí podemos decidir cómo registrar nuestro paso por el mundo.

Ferrán Aparicio
1 de mayo de 2026

domingo, 1 de diciembre de 2019

ETAPAS,.., SIMPLEMENTE ETAPAS


Otro año más y sin habernos dado casi cuenta estamos a día uno de diciembre y empieza el preámbulo del espectáculo de la navidad para acabar con esa presunta noche vieja especial, que ya a determinadas edades, nos aburre soberanamente, pues fue objeto de ilusión y descontrol en otras etapas de nuestra vida.

Si reflexionamos en voz alta como muchas veces lo suelo hacer a través de estos escritos, es bien cierto que la vida es un conjunto sucesivo de etapas.

Al principio somos como niños ansiosos y queremos que todo llegue lo antes posible, soñamos con devorar experiencias, con exprimir la vida, con jugar y divertirnos , nada nos afecta  y la consciencia no llega más allá de conseguir ciertos deseos banales que no tienen más que una gran inocencia.

Cuando llega la pubertad, incluso la adolescencia tomamos decisiones, desde cómo queremos enfocar nuestra vida profesional, hasta con quien queremos el resto de nuestras vidas,  con triunfos y fracasos, ilusiones y desilusiones, tropiezos que nos hacen más fuertes, pero en definitiva de una forma consciente e inocente al mismo tiempo nuestra obsesión es avanzar, de asumir cambios y ser humildes en todo ese maravilloso trayecto vital lleno de juventud y energía.

Y la vida sigue transcurriendo, de lunes a domingo y de enero a diciembre, y pasan y pasan cosas, pasmos a nuevas etapas madurez,  incluso llegamos a la segunda y tercera edad y desde la perspectiva del tiempo vemos que los buenos momentos se quedarán impresos en nuestra memoria, bien los recordaremos por fotografías, o con encuentros anecdóticos con gente que ha pasado en nuestro camino.

Admitir que nuestra vida discurre un poco más cada día y que avanza con un tic-tac que nadie puede detener, es sin duda algo que nos asusta y que nos obliga a reflexionar, pero en cualquier caso no hay que tener miedo a esa sucesión de etapas, de ese camino, pues todos tenemos a alguien que se quedó hace tiempo en un punto distante al que ahora estamos viviendo.

Después de todo te das cuenta  que simplemente somos inquilinos temporales de un mundo cambiante pero lleno de cosas maravillosas si centras la atención en ellas y que no hay que tener miedo a cambiar de etapa pues , en realidad es parte del camino.

En la vida todo cambia, excepto las esencias, pues que en esta vida todo llega, todo pasa y todo cambia, pero hay puntos fijos que vamos arrastrando etapa tas etapa aunque cambien de edad y talla y van desde la autoestima a la necesidad de seguir aprendiendo y valorar la pasión como motor  de la ilusión por ir quemando etapas.

La clave en el paso del tiempo, de etapas es en su conjunto  valorar y cultivar ; el amor, el respeto, la dignidad y nuestra necesidad por cultivar el crecimiento personal, que deben ser pilares esenciales en tu día a día, aunque muchas veces  parezcan veletas que guiar con fuerza y entereza en tu camino, en tu etapa,.., sea cual sea.

                                                            Ferrán Aparicio
                                                      1 de diciembre de 2019