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jueves, 25 de mayo de 2017

LUJO, ELEGANCIA Y CLASE



El otro día asistí a una tertulia, como si las del café Gijon de Madrid, se tratara y la verdad es que me hizo pensar. 

Como la memoria ya me va fallando y con gran disimulo fui anotando determinadas ideas que por lo abstractas que eran, hay que pensarlas profundamente, no por su dificultad de comprensión, sino por la dificultad para identificarlas en nuestro entorno más inmediato y en uno mismo, en el mejor de los casos, y hablo del lujo, la elegancia y la clase.
Según  el ponente explicaba el lujo es una cuestión de dinero, la elegancia es una cuestión de aprendizaje y la clase es una cuestión innata. La verdad es que como pueden ver a estas definiciones no les falta desperdicio.

Con los dos primeros términos podemos esta racionalmente de acuerdo, desde un punto de vista pragmático y adecuado, pero el concepto de tener clase, es un concepto encasillado como de palabras mayores.

Me viene a la cabeza un artículo de Manuel Vicent, que fue publicado en su columna, corriendo el domingo 7 de marzo de 2010, que interpretaba el tener clase y que les voy a parafrasear pues entiendo, que no tiene desperdicio:

Tener clase

 “ No depende de la posición social , ni de la educación recibida en un colegio elitista, ni del éxito que se haya alcanzado en la vida. Tener clase es un don enigmático que la naturaleza otorga a ciertas personas sin que ello  intervenga su inteligencia, el dinero , ni la edad. Se trata de una secreta seducción que emiten algunos individuos a través de su forma natural de ser y de estar, sin que puedan hacer nada para evitarlo. Este don pegado a la piel es mucho más fascinante que el propio talento. Aunque tener clase no desdeña la nobleza física como un regalo añadido, su atractivo  principal se deriva de la belleza moral, que desde el interior del individuo determina en cada uno de sus actos. La sociedad está llena de este tipo de seres privilegiados. Tanto si es un campesino analfabeto o un artista famoso, carpintero o científico eminente, fontanero, funcionaria, profesora, arqueóloga, albañil, rumano o cargador senegales, a todos les une la misma característica: son muy buenos en su oficio y cumplen con su deber por ser su deber, sin darle más importancia. Luego en la distancia corta, los descubres por su aura estética propia, que se expresa en el modo de mirar, de hablar, de guardar silencio, de caminar, de estar sentados, de sonreír, de permanecer siempre en un segundo plano, sin rehuir nunca la ayuda a los demás ni la entrega a cualquier causa noble, alejados  siempre de las formas agresivas, como si de la educación se la hubiera proporcionado el aire con que respiran. Y encima les sienta bien la ropa, con la elegancia que ya se lleva en los huesos desde que se nace,….., Los encontrareis en cualquier parte, en las capas altas y capas bajas, en la derecha y en la izquierda. Con ese toque de distinción, que emana de sus cuerpos, son ellos los que purifican el caldo gordo de la calle y te permiten vivir sin ser totalmente humillado.”

Poco más puedo añadir, pues lo que está claro es que a buen entendedor, sobran mayores palabras y explicaciones, y está claro que con voluntad hay cosas que podemos aprehender y practicar en mayor o menor grado y otras las traemos nosotros cuando llegamos a este maravilloso mundo.

Ferrán Aparicio
25 de mayo de 2017