Un medio de expresion donde lo cotidiano se expresa intentando aprender a darle tiempo al tiempo, a esperar ese momento , mi momento, nuestro momento, porque todo llega cuando tiene que llegar.
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lunes, 30 de marzo de 2026
ARRIEROS SOMOS Y EN EL CAMINO , NOS VEREMOS
miércoles, 25 de marzo de 2026
.A PASTURAR A OTRO CAMPO
viernes, 20 de marzo de 2026
LA LEY DE LA RECIPROCIDAD; EL INVISIBLE EQUILIBRIO DE LO HUMANO
Hay leyes que no figuran en los códigos civiles ni en las constituciones, pero sostienen el mundo con más firmeza que cualquier tribunal. Una de ellas es la ley de la reciprocidad: ese impulso silencioso que empuja a devolver la mirada, a corresponder el gesto, a responder al bien o al daño recibido.,
No es una norma escrita; es un reflejo
antiguo. Antes de la moral, antes de la religión, antes incluso del lenguaje
elaborado, el ser humano aprendió que sobrevivía mejor en compañía. Dar sin
recibir significaba agotarse; recibir sin dar significaba ser expulsado. La
reciprocidad fue, en cierto modo, la primera economía.
Cuando alguien nos escucha de verdad,
sentimos la necesidad de escuchar. Cuando alguien confía, se despierta en
nosotros la responsabilidad de no traicionar, y cuando alguien hiere, incluso
sin querer, nace el deseo de defendernos. .
.
Sin embargo, la ley de la reciprocidad
posee una doble naturaleza: puede construir comunidad o alimentar conflictos
interminables. Una amabilidad suele multiplicarse de manera imprevisible, asi
como ell saludo de un desconocido mejora el ánimo; el ánimo mejora la
paciencia; la paciencia evita una discusión; la discusión evitada salva un día
entero, es lo pequeño escala. .
El civismo no es otra cosa que la
administración consciente de la reciprocidad y ceder el paso, agradecer, pedir
perdón: son actos diminutos que previenen guerras microscópicas.
La trampa aparece cuando creemos poder
romper la ley unilateralmente.
En la vida diaria esto se manifiesta
de forma discreta, pues las relaciones duraderas no dependen de grandes
sacrificios heroicos, sino de pequeños equilibrios sostenidos: uno cede hoy, el
otro mañana; uno comprende hoy, el otro mañana y la balanza nunca queda
exactamente horizontal, pero la percepción de justicia la mantiene estable.
El fondo dea ley de la reciprocidad,
entonces, no exige igualdad matemática sino correspondencia emocional, pues no
pide que devuelvas lo mismo, sino que no ignores lo recibido.
Consecuentemente el agradecimiento tiene tanta fuerza moral,
pues es la forma consciente de reconocer la reciprocidad invisible, decir
“gracias” es admitir que no somos autosuficientes, que vivimos dentro de una
red de acciones ajenas. La gratitud es la versión luminosa de la deuda.
La ley de la reciprocidad no castiga
ni premia; simplemente continúa.
y somos nosotros quienes elegimos si continuará como cadena o como puente.
Ferrán Aparicio
20 de Marzo de 2026
domingo, 15 de marzo de 2026
.CULTURA CIVICA
La cultura cívica es un hilo invisible que recorre el corazón de la sociedad, un hilo tejido por la confianza, la participación y la libertad compartida, y simplemente no se encuentra en los libros de leyes ni en los reglamentos de papel; se siente en la mirada de los ciudadanos que saben que sus decisiones importan, en la certeza de que su voz puede moldear el destino común. Es un canto silencioso que transforma la cotidianeidad en acto de responsabilidad, y el simple gesto de participar en un debate o en un movimiento social se vuelve poesía de cambio.
Pero cuando el poder se envuelve en sombras autoritarias,
este hilo se rompe, ell miedo se cuela en las calles y en los hogares, y las
voces que claman justicia se convierten en ecos que se pierden en la bruma. Los
líderes que deberían inspirar libertad fomentan la desconfianza, recordando que
solo la élite tiene derecho a decidir cuándo y cómo se realiza la
transformación social. Los ciudadanos dejan de ser protagonistas de su historia
y se convierten en meros espectadores de un teatro donde el guion está escrito
por otros.
La igualdad ante la ley es la primera estrofa de esta
poesía cívica. Cuando funcionarios y ciudadanos caminan bajo la misma ley,
cuando nadie se cree por encima de la justicia, la sociedad respira un aire
limpio, lleno de posibilidades.
Pero la corrupción, el uso del poder para
enriquecimiento personal, o la existencia de organizaciones paramilitares
financiadas por el Estado rompen esta melodía. La seguridad deja de ser un
derecho y se convierte en moneda de poder; la justicia deja de ser un faro y se
transforma en sombra.
El acceso a la información y la libertad de
organizarse son los acordes que permiten que cada ciudadano cante su propia
canción. No basta con leer o escribir; es necesario que todos tengan espacio
para ser escuchados, para mostrar ideas al público sin que el eco se pierda en
el ruido de la desigualdad.
La libertad de
organizarse no es solo un derecho teórico; es un derecho práctico que exige
igualdad de condiciones, y cuando el empleo o los contratos dependen de la
fidelidad política, la participación se vuelve imposible y la sociedad pierde
su armonía.
Existen dos culturas políticas, dos mundos que se
miran con distancia. En la cultura cívica, la ley es brújula, la participación
ciudadana es la luz que guía, y los gobernantes cumplen un pacto con la
sociedad.
En la cultura
autoritaria, la corrupción es un río desbordado que arrastra todo a su paso, y
el enriquecimiento personal es la cumbre del poder. Allí, los ciudadanos se
vuelven sombras de sí mismos, sin voz, sin espacio, atrapados en el temor de
actuar.
La cultura cívica no es un lujo; es el latido esencial
de la vida social. Sus hilos invisibles sostienen la libertad y la justicia,
entrelazando derechos y deberes, ciudadanos y gobernantes y perderla sería perder el aliento de la sociedad misma,
sería dejar que el miedo y la corrupción escriban la historia. .
Ferrán Aparicio
15 de Marzo de 2026
martes, 10 de marzo de 2026
UNA HABITACION SIN ESTACIONES
La depresión emocional es un proceso que no llega gritando, que no rompe la puerta ni hace ruido en la cocina., se instala con la educación de una visita breve… y un día descubres que cambió la cerradura.
La vida moderna ofrece argumentos en
abundancia para justificar cualquier apagón interior. Y uno mismo colabora:
traduce el vacío en razones para que no parezca lo que es, pero la depresión no
es tristeza.
La tristeza señala algo y la depresión lo borra todo. La tristeza apunta
a una pérdida concreta: alguien, algo, algún lugar del que uno se separa y tiene
una dirección, sin embargo a depresión, en cambio, es una niebla sin paisaje, no
duele como una herida: pesa como la gravedad y no empuja a llorar: empuja a
quedarse quieto.
El mundo sigue ocurriendo con su
lógica intacta , porque desde fuera todo parece normal: hay trabajo, techo,
incluso afecto, y la mente, entrenada para buscar causas, acusa: no deberías sentirte así.
Por eso la depresión es silenciosa: no
porque no quiera hablar, sino porque no encuentra idioma. Lo que desde fuera
parece pereza; desde dentro es desgaste.
La depresión convence de que nada
importa, pero la propia angustia de sentirlo demuestra lo contrario y a quien
verdaderamente nada le importa no le preocupa haber dejado de sentir, pues el sufrimiento es, en secreto, una prueba de
apego a la vida.
La depresión empieza con actos
microscópicos: abrir la persiana sin ganas, caminar una calle más, responder un
mensaje con una frase corta.
Un día, sin anuncio, algo tarda menos
en costar, no desaparece el peso, pero cambia su densidad.
La depresión se alimenta de quietud;
la recuperación de continuidad, pues no es una revelación sino una práctica:
dormir con horarios, caminar aunque no entusiasme, aceptar ayuda aunque no se
crea merecerla..
Quien ha atravesado la depresión no
sale eufórico, sino preciso, y aprende que el bienestar no es un estado
permanente, sino un equilibrio activo; que la emoción no siempre guía, pero la
conducta puede sostener. Y que pedir ayuda no es ceder autonomía, sino
recuperarla
Porque, al final, la depresión no es
el deseo de morir: es la dificultad de seguir sintiendo vida y cuando la vida vuelve, no como un
fuego artificial, sino como una brasa constante, uno descubre que existir nunca fue automático:
siempre fue un acto repetido, pequeño y valiente.
Ferrán Aparicio
10 de Marzo de 2026
jueves, 5 de marzo de 2026
EMPODERAMIENTO CIUDADANO
domingo, 1 de marzo de 2026
EL KARMA; EL ARTE INVISIBLE DE SEMBRAR DESTINO
Vivimos acostumbrados a mirar hacia afuera, señalamos
circunstancias, culpamos al entorno, esperamos que otros cambien para que
nuestra vida mejore y sin embargo, toda transformación real comienza en un
territorio menos cómodo: el interior.
Crecer no significa escapar ni cambiar de escenario,
simplemente podemos mudarnos, iniciar nuevas relaciones o proyectos, pero si no
modificamos nuestra manera de pensar y sentir, repetiremos los mismos patrones.
El verdadero crecimiento exige asumir que el único
espacio sobre el que tenemos control auténtico es nosotros mismos. Cuando la
conciencia se expande, la realidad también se reordena.
Cada palabra, cada silencio y cada reacción generan un
efecto, y todo lo que nos ocurre depende de nuestra voluntad; la adversidad
forma parte de la condición humana y en el fondo y la forma, sí depende de
nosotros la actitud frente a lo que sucede. .
El karma también nos recuerda que nada está aislado, todo
está conectado como cuentas en un mismo hilo y una decisión pequeña puede alterar
el rumbo de años futuros, un gesto de bondad puede desencadenar consecuencias
invisibles que superan nuestra comprensión inmediata, pues entender esta
interconexión nos invita a actuar con mayor conciencia y prudencia.
En una sociedad dispersa y acelerada, la atención se vuelve
una forma de sabiduría, no se puede vivir plenamente si la mente está
fragmentada entre el pasado y el futuro. El presente es el único punto donde se
ejerce el cambio.
Dar y acoger forman parte de este equilibrio, cuando
ofrecemos tiempo, ayuda o comprensión sin cálculo egoísta, ampliamos nuestro
propio horizonte.
Otra dimensión esencial es el cambio consciente, la
vida tiende a repetir lecciones hasta que las comprendemos ,patrones que
reaparecen, errores que se reiteran, conflictos similares con distintos nombres
y solo el autoconocimiento rompe ese ciclo.
Finalmente, el karma nos habla de paciencia, pues toda
recompensa auténtica requiere esfuerzo sostenido. Vivimos en una cultura de
inmediatez, pero los procesos profundos necesitan tiempo. .
Creer o no en el karma es una decisión personal y sin
embargo, más allá de cualquier filosofía, resulta evidente que nuestras
acciones importan.
Ferran Aparicio
1 de Marzo de 2026