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jueves, 10 de septiembre de 2026

SOBREPENSAMIENTO

Todos o casi todos los humanos que no los divinos, tenemos la costumbre de hacer una revisión de los acontecimientos, experiencias y problemas que han surgido durante el dia ; pero hay noches en las que la mente se convierte en una habitación sin ventanas.

Sin darnos cuenta normalmente todo vuelve una y otra vez y las palabras que dijiste, las que callaste, las decisiones que aún no tomas y los futuros imaginarios que parecen exigir una respuesta inmediata, pues el cuerpo descansa, pero los pensamientos permanecen despiertos, girando como un carrusel que no sabe detenerse y a eso lo llamamos sobrepensamiento.

Y aunque solemos vivirlo como un enemigo silencioso, en realidad no nace de la debilidad ni de la falta de control, y es que  surge, muchas veces, del deseo profundo de protegernos: de no equivocarnos, de no sufrir, de no perder aquello que amamos o aquello que creemos que define quiénes somos.

El sobrepensamiento aparece cuando la reflexión deja de aportar claridad y empieza a producir desgaste y sus  efectos son que no resuelve y  repite; no acompaña; invade.

Las  que despiertan tu necesidad de pensar mas son variopintas; quizá sea una conversación pendiente, una decisión importante o la sensación de no saber qué ocurrirá después. Nombrar aquello que activa el ciclo es el primer gesto de claridad.

Detrás de cada pensamiento repetitivo suele esconderse una emoción que busca ser escuchada yu en muy cierto que la mente rara vez insiste por capricho. Insiste porque teme.

El sobrepensamiento crece en los espacios cerrados, allí donde las emociones no encuentran salida y terminan hablando a través del cansancio mental, y es por ello, que ventilar importa.

El sobrepensamiento suele sentirse como un cielo cargado de nubes: todo parece urgente, todo parece importante y nada termina de aclararse; sin embargo, la claridad no llega resolviendo cien escenarios imaginarios, sino distinguiendo qué merece realmente nuestra atención.

La calma no siempre aparece de golpe y muchas veces llega en forma de pequeños movimientos. El sobrepensamiento no desaparece por obligación ni por fuerza, simplemente se transforma cuando aprendemos a escucharnos con más honestidad y menos juicio.

No se trata de dejar la mente en silencio absoluto, algo imposible y profundamente human, sino de impedir que el ruido decida por nosotros, pero vivir, plenamente, requiere algo más que pensamientos: requiere presencia.

 

                                                                  Ferrán Aparicio

                                                           10 de Septiembre de 2026

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miércoles, 1 de abril de 2026

LE LEY DE LA CAUSA EFECTO

Nada ocurre aislado, la vida parece una sucesión de instantes independientes, pero en realidad es una trama continua donde cada gesto empuja al siguiente. A eso llamamos ley de causa y efecto: la humilde pero implacable certeza de que todo deja consecuencia.

No es una creencia mística ni un castigo cósmico; es una continuidad, pues cada mañana empieza con herencias invisibles.

El ánimo con el que despertamos no nace esa mañana: viene de los hábitos del día anterior, del descanso o su ausencia, de lo que dijimos o callamos. Incluso el azar suele ser un efecto que todavía no comprendemos.

La ley de causa y efecto no es inmediata, cuando la consecuencia tarda, creemos que no existe, lo que resulta cierto es que una mentira repetida sin castigo aparente se vuelve costumbre; el esfuerzo sin recompensa instantánea se vuelve dudarero la vida no trabaja con urgencias humanas, simplemente acumula.

Pensamos que una decisión aislada no importa: una palabra dura, una responsabilidad evitada, un hábito pospuesto, pero cada acto modifica ligeramente la dirección futura, ., cambia de continente y el destino rara vez gira; se inclina poco a poco.

También existe la causa interior: aquello que pensamos termina influyendo en lo que vemos. Una persona convencida de que será rechazada interpreta neutralidad como desprecio; quien espera aprender ve oportunidades donde otros ven molestias. La percepción es efecto de ideas previas, y a su vez causa de nuevas acciones, pues vivimos dentro de un circuito.

Por eso la libertad humana no consiste en escapar de la ley de causa y efecto —eso es imposible—, sino en elegir las causas iniciales, no controlamos todas las consecuencias, pero sí el primer gesto: la palabra pronunciada o retenida, el trabajo empezado o postergado, la paciencia aplicada o abandonada.

El tiempo es el aliado secreto de esta ley premia la coherencia y desenmascara la incoherencia, y puede tardar años, pero siempre ordena: lo cuidado prospera, lo ignorado se deteriora, lo repetido se convierte en identidad.Así, la vida no es un conjunto de accidentes, sino una conversación continua entre ayer y mañana y cada día responde al anterior y formula una pregunta al siguiente.

La ley de causa y efecto no promete justicia inmediata ni dramatismo visible, promete algo más profundo: continuidad. Lo que hoy parece insignificante mañana será carácter y lo que hoy evitamos decidir mañana decidirá por nosotros y cada omisión es una causa disfrazada de descanso.

La ley de causa y efecto no premia ni castiga; continúa y somos nosotros quienes, sin notarlo, escribimos la dirección del viento.

Ferrán Aparicio
1 de Abril de 2026