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lunes, 20 de junio de 2016

ELEUTERIO, ELEUTERIO,..., SIEMPRE TRISTE Y SIEMPRE SERIO

El otro día revisando y organizando las fotografías de toda una vida, cosa que les recomiendo, pues aun siendo muy aficionado a la fotografía, reconozco públicamente que por vagueza o como decimos todos por falta de tiempo, no lo suelo hacer muy a menudo, me encontré que en todos los viajes siempre había ido a parar al cementerio local, como un punto de referencia de la endosicrasia de un pueblo.

Lo más chocante es después de capturar las imágenes de nuevo llegué a pensar, cuan diferentes eran todos entre si, desde el cementerio de “La recoleta” en Buenos Aires donde la ostentosidad  del estilismo arquitectónico sorprende al visitante al de  Santiago de Chile donde los nichos se multiplican en alturas como si de bungalows se tratara, pasando por la sobriedad de Perú o los escandinavos donde no existen cruces sino piedras con nombres, sobre un mar de césped o nieve en invierno.

Pasear por los cementerios, sea cual fuera el lugar, ciudad o nacionalidad, da una sensación de bienestar en primer lugar, porque tienes la sensación de estar vivo, si lees los epitafios te das cuenta como de distintos somos todos y sobre todo porque encuentras tu propia soledad y la de los demás en un principio de igualdad de destino, que no tiene limite ni de físico, sexo o edad.

No hay mayor soledad que la que transmite un cementerio y allí no hay nada más que símbolos que reflejan a los difuntos y mucha materia orgánica sin espíritu ni alma.

Yo soy de las personas que creen en la inmortalidad del alma y como tal creo en su liberación tras la muerte del cuerpo y estando el espíritu libre de su atadura carnal, solo queda lo supuestamente orgánico, sin embargo es el único elemento pseudo tangible de la memoria del difunto y por todo ello me merece su correspondiente respeto y de ahí la paz y soledad que se respira entre nichos y mausoleos.

Es bien cierto que en contra de la soledad y espiritualidad del cementerio, está el negocio de la muerte bien sea por cremación; bien por entierro y es que hasta para morirse hay que recurrir a la dignidad del dinero  por la parafernalia y negocio que gira alrededor de la muerte, pero también es cierto que hoy por hoy cada uno es libre de elegir como quiere acabar; si al libre albedrío del  sus cenizas al viento de donde le place, bien antes pasado por el horno ó enterrado serenamente en el lugar elegido, normalmente nicho o panteón familiar, pues con la crisis está de moda las reducciones y hoy en contra de lo que sucede con las viviendas cada día cabemos más  en ellos y hasta la Iglesia aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos; sin embargo, no prohíbe la cremación, a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana.

En fin, esta es la historia de cómo hemos cambiado de concepto cada uno  de nosotros en cuanto como acabar nuestros días, pero en contra de nuestra canción: “Eleuterio, Eleuterio, siempre triste siempre serio,..” les animo a ser felices y alegres , pues al final de una forma u otra , nuestras almas acaban en el mismo sitio.

                                                                 Ferrán Aparicio
                                                             20 de Junio de 2016