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sábado, 25 de abril de 2026

LA GENERACION DE NUESTROS PADRES

 

La generación mayor, aquella que ingresó al mercado laboral entre mediados de los años 60 y mediados de los 70, constituye un testimonio singular de cómo el trabajo puede moldear identidad, comunidad y conciencia social. La época se caracterizó por una expansión económica sostenida, rápida industrialización y fuerte demanda de mano de obra, lo que creó oportunidades de empleo estables y permitió que los trabajadores desarrollaran relaciones profundas con sus lugares de trabajo.

 La seguridad laboral, prácticamente garantizada para quienes respetaban el régimen político, ofrecía un marco de confianza que hoy parece casi impensable y esta estabilidad no solo protegía los ingresos, sino que fomentaba un sentido de pertenencia y compromiso, transformando el trabajo en un espacio de convivencia, cooperación y aprendizaje mutuo.

En aquellos años, la organización sindical adquiría un papel central, y los sindicatos autónomos, aunque incipientes y dependientes de la militancia de base, proporcionaban una plataforma de coordinación, reivindicación y acción colectiva. La relación entre la vida laboral y la lucha política contra la dictadura de Franco convirtió al trabajo en un espacio donde se aprendían estrategias de resistencia, negociación y solidaridad.

Los aumentos salariales sostenidos durante la década de los 70 reforzaban esta sensación de estabilidad y hacían tangible la eficacia de la acción colectiva, y la seguridad en el empleo y la posibilidad de movilidad dentro del mercado laboral suavizaban los temores ante el régimen represivo, convirtiendo el trabajo en un ámbito donde la comunidad, la cooperación y la justicia económica se vivían cotidianamente.

Las divergencias con la generación posterior se gestaban mucho antes de ingresar al mundo laboral, en la familia y en la comunidad, y la socialización temprana, la exposición a la cooperación y la resistencia política, así como la experiencia de vivir en entornos cohesionados, configuraron valores y hábitos que resultan difíciles de replicar en la actualidad. Mientras la generación mayor podía corregir los bajos salarios a través de la organización colectiva, los trabajadores jóvenes enfrentan empleos temporales, dispersión geográfica y menor apoyo institucional, factores que dificultan la construcción de vínculos sólidos y de una conciencia compartida.

El relato de la generación mayor evidencia que el trabajo puede ser mucho más que una obligación o una fuente de ingresos y puede convertirse en un motor de cohesión social, de conciencia política y de solidaridad, en un espacio de cooperación y aprendizaje compartido.

En definitiva, la generación mayor encarna un modelo de vida donde trabajo, comunidad y lucha social se entrelazaban de manera inseparable.

                                                          Ferrán Aparicio

                                                      25 de Abril de 2026

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