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sábado, 15 de agosto de 2026

PERSEO Y MEDUSA



El mito de Perseo y Medusa se alza como una de las narraciones más evocadoras de la antigüedad, no solo por la intensidad de su aventura, sino por la complejidad simbólica que encierra. En él conviven el heroísmo y el horror, la belleza y la condena, la astucia frente a la fuerza bruta.

Es una historia que, al ser revisitada, revela capas de significado que van mucho más allá de la simple hazaña de un héroe que vence a un monstruo.

Medusa, cuyo nombre aún hoy evoca inquietud, no fue siempre la criatura aterradora que la tradición popular ha inmortalizado y en algunas versiones del mito, su origen está ligado a la belleza: se dice que fue una joven de extraordinaria hermosura, admirada por todos aquellos que cruzaban su mirada, pero sin embargo, su destino quedó sellado por un castigo que la transformó en símbolo de lo temible. Su cabello se convirtió en un nido de serpientes vivas, y su mirada adquirió el poder terrible de petrificar a quien se atreviera a sostenerla. Así, quedó condenada a la soledad absoluta, rodeada de piedra y silencio, convertida en aquello que los demás temían.

Perseo, un joven héroe cuya historia comienza por la adversidad, es ,marcado por su nacimiento, envuelto en profecías y amenazas, lo sitúa desde el inicio en una posición vulnerable, y sin embargo, lejos de ser derrotado por el destino, Perseo encarna la capacidad humana de sobreponerse a las circunstancias. Su carácter no se define únicamente por la valentía, sino por una inteligencia estratégica que será clave en su enfrentamiento con Medusa.

La misión que se le encomienda parece, a todas luces, imposible: decapitar a una criatura cuyo simple vistazo puede convertirlo en piedra. No se trata de una lucha convencional; no hay espacio para el enfrentamiento directo, pues la victoria no depende de la fuerza, sino de la capacidad de pensar, de adaptarse, de encontrar caminos alternativos frente a lo aparentemente inevitable.

Para afrontar su tarea, Perseo no está solo, sino recibe ayuda en forma de objetos que, más allá de su carácter mágico, simbolizan herramientas del ingenio humano. El escudo pulido, capaz de reflejar la realidad sin enfrentarla directamente, se convierte en una metáfora de la mediación: mirar sin ser visto, comprender sin exponerse al peligro.

El encuentro entre Perseo y Medusa no es una batalla épica en el sentido tradicional, no hay choque de fuerzas ni intercambio de golpes, significa en cambio, un acto casi silencioso, calculado. El momento en que Perseo corta la cabeza de Medusa marca el clímax del relato, su cabeza se convierte en un arma, un objeto que continúa transformando en piedra a quienes la contemplan.

El mito, por tanto, no ofrece una lectura única. Puede entenderse como una celebración de la inteligencia sobre la fuerza, como una advertencia sobre los peligros de la mirada directa, entendida simbólicamente como la confrontación sin mediación, o como una reflexión sobre la injusticia y la transformación. En cualquier caso, su permanencia a lo largo del tiempo demuestra su capacidad para adaptarse a distintas sensibilidades y contextos.

Ferrán Aparicio

15 de Agosto de 2026

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miércoles, 5 de septiembre de 2018

VERSUS


Me viene a la cabeza  la palabra  “versus” como  cualquier idea espontánea o soniquete, que de una manera inconsciente aparece de forma aislada y no me la puedo llevar durante una largo tiempo, el caso es que ni la he oído últimamente, ni he leído nada acerca de ella.

Por aquello de que todo llega en su justo momento, empiezo la investigación, aunque intuitivamente ya sabía lo que ratifique buscando en el diccionario de la RAE.

La palabra “versus” es un participio latino que significa “orientado hacia”, “frente a” o “en “dirección a” y que ha entrado en el español a través del inglés con el uso que se le da en ese idioma desde el siglo XV: mostrar contraste o enfrentamiento entre dos personas, entidades, conceptos o cosas.

Sin embargo y dentro de lo escueto que caracteriza  a las definiciones del diccionario de la Real Academia Española, simplemente lo reduce a: “frente a” o “contra”.

La palabra versus al ser pronunciada adquiere como toda palabra sonora una innegable existencia, lo cual no implica la coexistencia física o etérea de su significado.

Las circunstancias que acompañan también acaban dotando de un significado más amplio a este tipo de palabras, incluso en algunos casos con  mayor o menor fuerza, pues no siendo  una palabra muy usada  en el lenguaje coloquial, inspira algo de desconfianza, tanto al leerla como al oírla.

Pero yendo un poco mas allá, cuando aparece en forma abreviada como “vs”, especialmente en el lenguaje jurídico donde se acostumbra a traducir versus por el contrario, es realmente reconocible por todo el mundo que tienen contacto con este mundo académico, pero me planteo, por que fuera de este contexto es preferible recurrir a los otros giros, ya que "contra" o “frente a” no  siempre refleja con exactitud el significado de "versus".

Palabras como “versus”, nos evidencian  que siendo personas  racionales estamos llenos de errores de percepción, de interpretación, incluso de análisis. Me encantan las palabras donde se señalan las limitaciones de nuestro cerebro y los múltiples sesgos que tenemos a la hora de interpretar la realidad. Casi todos comparten la idea de que la consciencia de nuestras limitaciones nos permitirá reducirlas. Pero en ese punto los autores se diversifican en dos grandes grupos; unos piensan que la reducción de los sesgos nos llevará a un mayor bienestar porque la racionalidad es un valor en si mismo y otros sin embargo, consideran que la consciencia de los sesgos es muy útil pero no llegan a propugnar su eliminación total como camino hacia la felicidad, la plenitud o el bienestar.

Lo que esta claro es que el bienestar puede pasar en ocasiones por el autoengaño y el sentido común es siempre la mejor brújula para el bienestar y por tanto nuestra libertad de decisión estará condicionada, en expresarnos de la forma  que consideremos más cómoda.

                                                          Ferran Aparicio
                                                      5 de Septiembre de 2018


miércoles, 25 de abril de 2018

PROBLEMA


Dice la Wikipedia y  además coincide con cualquier diccionario desde el de la Real Academia al famoso diccionario “María Molina”, que utilizaba yo   y mucha gente de mi generación, en mis primeros años de estudio, que define  el problema, como una cuestión o punto discutible que se intenta resolver.

En general representa una  situación de difícil solución, sin llegar a renunciar a su resolución, pues  el problema representa un conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de algún fin, pero en ningún caso impiden su resolución, pues entonces ya no constituía un problema sino una anécdota circunstancial en nuestra vida a asimilar, como siempre sin más.

Cuando el  problema  se asocia a la  investigación, supone el  combustible que impulsa el proceso científico y constituye la base de cualquier método de investigación y diseño experimental, desde un experimento verdadero hasta un estudio de caso.

Cuando te planteas el estudio de un problema que te  afecta, no siempre existe una vía de resolución  sino que puede tener varias reacciones  hasta llegar a la propuesta de una hipótesis viable., siempre amparada en el riesgo y ventura que diferencia el resultado entre el éxito y el fracaso.

También el definir claramente el problema en su conjunto es crucial para definir la calidad de las respuestas, incluso de los métodos o fórmulas mágicas para su resolución.

Una actitud positiva ante un problema es lo que siempre hemos oído , si es problema y no tiene solución , ya no es un problema y habrá que aceptar la  realidad  , por aquello 1ue siempre uno piensa que lo que debe ser será, y sucederá naturalmente, o todo lo contrario.

Los problemas en general  nos crean  ansiedad al igual que cualquier cosa por pequeña que sea los sume en un estado de preocupación increíble, también les afectan detalles aparentemente insignificantes, desvirtuando la apreciación de la realidad del problema que nos preocupa.

 También es cierto que los problemas crean cierta situación de miedo, situación de incertidumbre a algo que nos aturde o nos asusta o simplemente nos negamos a aceptar  que los miedos son los que las controlan provocándoles esta sensación de preocupación constante que tanto temor nos da.

 Al final todo se concentra es  controlar la actitud positiva de tu mente,  pues somos conocedores  que somos  víctima de nuestra  propia mente , por lo que te animo a que nunca escapes a enfrentarte a un problema aunque sea desde  la perspectiva  y no escapes de aquello que te la provoca y sólo así podrás empezar a solucionar y a enfrentar tus miedos.

                                                           Ferrán Aparicio
                                                           25 de Abril de 2018