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viernes, 20 de febrero de 2026

BUFAR EN CALDO CHELAT

Hay expresiones que nacen en la cocina, no en los libros, una de  ellas es “Bufar en caldo chelat”  del ididona valencia no y que es castellano significa sopla el caldo que está helado y pertenece a ese mundo doméstico donde el lenguaje se cuece a fuego lento, entre ollas, sobremesas largas y la sabiduría de quien ha vivido más de lo que ha estudiado. 

No es una frase elegante ni académica; es una frase vivida, y como muchas frases populares, encierra más psicología que muchos tratados.

 Por otra parte, el caldo “chelat”, supuestamente demasiado caliente, obliga a soplar antes de probarlo. El gesto es automático: uno acerca la cuchara, siente el vapor en la cara y, antes de quemarse, sopla con prudencia, hasta ahí todo es literal.

Pero el lenguaje popular nunca se conforma con lo literal, y la expresión se utiliza para hablar de las personas que, después de una mala experiencia, se vuelven excesivamente cautas, pues quien se quemó una vez, ahora desconfía incluso de lo que no quema.

La frase describe un mecanismo profundamente humano y no es más que la memoria emocional, en realidad no recordamos los golpes con exactitud matemática, los recordamos con intensidad.

Un fracaso amoroso puede convertir a alguien en desconfiado durante años; un error público puede volver tímido a quien antes era espontáneo; una pérdida económica puede paralizar cualquier intento futuro.

 La experiencia protege, pero también encierra, y aprehender no siempre significa avanzar: a veces significa evitar.

Sin embargo, la expresión tiene un matiz casi cariñoso, pues no acusa, observa. En ella hay comprensión hacia la fragilidad humana, y todos, en algún momento, bufamos en caldo que ya está templado.

El problema aparece cuando la prudencia sustituye a la vida. El aprendizaje debería afinar el juicio, no apagarlo.

Soplar el caldo para no quemarse es sensato; soplar eternamente impide comer. Quien vive permanentemente a la defensiva deja de equivocarse, sí, pero también deja de descubrir. Y la existencia sin riesgo se vuelve correcta, pero estrecha.

La sabiduría consiste en encontrar el punto justo entre la ingenuidad y la desconfianza. Recordar sin quedar atrapado en el recuerdo, entender que el pasado enseña, pero no decide y cada situación merece su propia mirada, no la sombra automática de lo ocurrido antes, pues la experiencia debería darnos criterio, no miedo.

“Bufar en caldo chelat” nos recuerda, con humor cotidiano, que la vida exige un equilibrio delicado: protegerse sin cerrarse, aprender sin endurecerse, y porque al final, vivir es aceptar que a veces el caldo quema… pero que siempre habrá otro plato esperando ser probado.

                                                           Ferrán Aparicio

                                                   20 de Febrero de 2026