Hay expresiones que nacen en la cocina, no en los libros, una de ellas es “Bufar en caldo chelat” del ididona valencia no y que es castellano significa sopla el caldo que está helado y pertenece a ese mundo doméstico donde el lenguaje se cuece a fuego lento, entre ollas, sobremesas largas y la sabiduría de quien ha vivido más de lo que ha estudiado.
Por otra parte,
el caldo “chelat”, supuestamente demasiado caliente, obliga a soplar antes de
probarlo. El gesto es automático: uno acerca la cuchara, siente el vapor en la
cara y, antes de quemarse, sopla con prudencia, hasta ahí todo es literal.
Pero el lenguaje popular nunca se conforma con lo literal,
y la expresión se utiliza para hablar de las personas que, después de una mala
experiencia, se vuelven excesivamente cautas, pues quien se quemó una vez,
ahora desconfía incluso de lo que no quema.
La frase describe un mecanismo profundamente humano y
no es más que la memoria emocional, en realidad no recordamos los golpes con
exactitud matemática, los recordamos con intensidad.
Un fracaso amoroso puede convertir a alguien en
desconfiado durante años; un error público puede volver tímido a quien antes
era espontáneo; una pérdida económica puede paralizar cualquier intento futuro.
La experiencia
protege, pero también encierra, y aprehender no siempre significa avanzar: a
veces significa evitar.
Sin embargo, la expresión tiene un matiz casi
cariñoso, pues no acusa, observa. En ella hay comprensión hacia la fragilidad
humana, y todos, en algún momento, bufamos en caldo que ya está templado.
El problema aparece cuando la prudencia sustituye a la
vida. El aprendizaje debería afinar el juicio, no apagarlo.
Soplar el caldo para no quemarse es sensato; soplar
eternamente impide comer. Quien vive permanentemente a la defensiva deja de
equivocarse, sí, pero también deja de descubrir. Y la existencia sin riesgo se
vuelve correcta, pero estrecha.
La sabiduría consiste en encontrar el punto justo
entre la ingenuidad y la desconfianza. Recordar sin quedar atrapado en el
recuerdo, entender que el pasado enseña, pero no decide y cada situación merece
su propia mirada, no la sombra automática de lo ocurrido antes, pues la
experiencia debería darnos criterio, no miedo.
“Bufar en caldo chelat” nos recuerda, con humor
cotidiano, que la vida exige un equilibrio delicado: protegerse sin cerrarse,
aprender sin endurecerse, y porque al final, vivir es aceptar que a veces el
caldo quema… pero que siempre habrá otro plato esperando ser probado.
Ferrán
Aparicio
20 de
Febrero de 2026