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lunes, 25 de mayo de 2026

CULTURA CIVICA Y POLITICA: DOS MANERAS DE GESTIONAR LA CULTURA

La estrategia de modernización puede traer avances económicos y tecnológicos, pero también tiene un impacto profundo en la cultura cívica de un país. Por cultura cívica entendemos la manera en que los ciudadanos interactúan con el Estado, la calidad de la participación ciudadana y la relación entre el gobierno y la sociedad.

Una democracia saludable requiere que los ciudadanos se sientan libres para ejercer sus derechos, sin temor a represalias ni intimidación por parte de quienes detentan el poder.

En contraste, los regímenes autoritarios tienden a subordinan las demandas sociales a las prioridades de las élites, como inversores extranjeros o instituciones financieras internacionales. En estos contextos, los líderes políticos desconfían de los movimientos sociales y promueven la idea de que cualquier acción ciudadana podría "amenazar la estabilidad democrática". Así, el poder se concentra en un grupo reducido, que decide cuándo y cómo se implementan los cambios, mientras los ciudadanos se ven desalentados a participar activamente.

Un elemento clave de la cultura cívica es la igualdad ante la ley y la sujeción del Estado a esta,y esto incluye a todos los funcionarios, desde policías hasta militares, y excluye el uso de organizaciones paramilitares fuera del marco legal.

Otros aspectos esenciales incluyen la opción política, el libre acceso a la información y la libertad para organizarse, pues la opción política no se limita al número de partidos, sino que evalúa la apertura del sistema a debatir estrategias de desarrollo alternativas.

El acceso a la información no solo es la libertad de leer o publicar, sino también la posibilidad de presentar ideas de manera equitativa al público y la libertad de organizarse implica que todos los ciudadanos puedan asociarse sin barreras que limiten su participación efectiva.

En este sentido existen dos culturas políticas bien definidas: La Cultura cívica, donde Las leyes se aplican por igual, los funcionarios fortalecen la participación ciudadana y los movimientos sociales son agentes de cambio y el gobierno actúa con transparencia y responsabilidad, evitando el uso del poder para beneficio personal, y la cultura política autorizaría donde la corrupción es endémica, el enriquecimiento personal de las élites es habitual y la participación ciudadana está limitada o condicionada, y los movimientos sociales son vistos como amenazas y el poder se concentra en un grupo reducido, alejando a la sociedad del control democrático.

Comprender estas diferencias es crucial para fortalecer la democracia y garantizar que la modernización no socave los derechos y la participación ciudadana. Una cultura cívica activa protege a los ciudadanos de la concentración de poder y asegura que los cambios sociales se realicen de manera justa y equitativa.

Cuando estos elementos faltan, surge una cultura autoritaria, marcada por corrupción, enriquecimiento de las élites y control del poder sobre los ciudadanos y en cambio, una cultura cívica fortalece la democracia, promueve la participación social y asegura que el gobierno actúe de manera justa y responsable.

Ferrán Aparicio
25 de Mayo de 2026

miércoles, 20 de mayo de 2020

HECHOS SON AMORES Y NO BUENAS RAZONES



El refrán popular “Obras son amores, y no buenas razones” u “Obras son amores, que no buenas razones” significa que el amor verdadero se expresa con acciones y no apenas con palabras, por bien fundadas que estén. 

También tiene la connotación de lo que está bien hecho, no necesita justificación alguna y lo digo a la sazón de la represión mediática que estamos sufriendo en este estado de alarma. 

Todos nos estamos dando cuenta que la libre expresión se ha acabado, que los medios de comunicación están capados, que no se puede difundir noticias, lo más extraño es que aquellos que lucharon por la libertad de expresión y la trasparencia, son los que ahora vetan la comunicación y capan lo que no les interesa. 

Con el tema de la bandera española más vale pasar al siguiente párrafo, ni lo entiendo ni se entiende y para eso está el artículo 4 de la constitución que la define a la perfección. 

Cada día asistimos y oímos declaraciones y eventualmente algunas acciones, pero nada contundente. En el caso del señor presidente se ha esmerado en bordar un discurso edificado sobre la prominencia que le da su investidura, confiando en que la reiterada repetición del mismo, todos los días, logre implantarlo en las mentes de los españoles. 

Goebbels decía que una mentira repetida mil veces hace que sea tenida por verdad, y si la dice alguien con el nivel Presidencial, eso parece más fácil de que suceda. 

La capacidad de las Redes Sociales para servir de “memoria y conciencia” colectiva, permite el contraste de los hechos contra los discursos, así como el de los discursos del presente contra los del tiempo pretérito, es decir podemos ver el contraste en el tiempo , aquello de donde digo, digo y donde digo, digo diego. 

El resultado entre ese contraste ha sido devastador para el discurso social, los hechos son contundentes y contradicen de palmo a palmo lo que se intenta construir con base en una estrategia de Comunicación Social que ya está igualmente fuera de la realidad. 

Lo que está claro que la difusión en las Redes Sociales, contribuye a exacerbar más la inconformidad ciudadana ante los burdos intentos de manipulación, y es por ello que se manipulan y capan, pues no interesa al pastor del rebaño que se disperse la manada. 

Es cierto que hay algunos logros de los cuales el Gobierno podría ufanarse legítimamente en su discurso de cómo evitar que siguieran su curso las privatizaciones, pero en cambio, otros numerosos hechos lo colocan en una condición de extrema debilidad, expuesto a que cualquier eventualidad lo coloque en situación de inestabilidad, como la, rebelión del pueblo, que al fin y al cabo es soberano. 

Los hechos están dejando al gobierno sin discurso y sin apoyo social; las muestras confiables en las Redes Sociales demuestran el malestar social ante la concentración en las manos gubernamentales del control no confeso de los otros poderes formales, así sea con las pruebas y razones más evidentes y convincentes. 

Ferrán Aparicio 
20 de mayo de 2020