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jueves, 8 de enero de 2026

A LA VUELTA DE LA VIDA

 

La vida no avanza en línea recta, simplemente  da vueltas, se repliega, sorprende y, muchas veces, nos devuelve al punto de partida con una mirada distinta

A la vuelta de la vida es ese momento en el que comprendemos que las experiencias vividas las buenas y las difíciles no fueron en vano, sino parte de un proceso de aprendizaje que solo se revela con el tiempo.

En la juventud solemos creer que todo depende de la prisa y en  alcanzar metas rápido, evitar errores, no mirar atrás, pero sin embargo, con el paso de los años, la vida enseña que cada tropiezo, cada pérdida y cada decisión equivocada también construyen identidad. A la vuelta de la vida, entendemos que aquello que dolió fue, en muchos casos, lo que nos fortaleció.

Este retorno no implica resignación, sino madurez, simplemente es el instante en el que dejamos de luchar contra lo que fue y comenzamos a integrarlo y aprendemos a perdonar a otros y a nosotros mismos y a valorar lo esencial de la vida que simplemente es  el tiempo, las personas y la coherencia entre lo que pensamos y lo que hacemos.

Además, a la vuelta de la vida descubrimos que el sentido no está solo en llegar lejos, sino en caminar con conciencia. Muchas personas, después de atravesar dificultades, desarrollan una mirada más humana y solidaria. La experiencia las vuelve más empáticas, más pacientes y más responsables con sus decisiones.

La vida no se comprende mientras se vive, sino cuando se mira hacia atrás y avanza en círculos invisibles, nos conduce por caminos que parecen errados y, con el tiempo, nos devuelve al mismo lugar interior, aunque ya no somos los mismos. 

A la vuelta de la vida es ese instante de lucidez en el que el pasado deja de doler y comienza a enseñar, y durante mucho tiempo creemos que vivir es avanzar sin detenerse, acumular logros y evitar el fracaso, pero sin embargo, la experiencia revela una verdad más silenciosa: aquello que nos quebró fue, muchas veces, lo que nos formó. 

El error, la pérdida y la espera se convierten en maestros que no elegimos, pero que nos preparan para comprender lo esencial. La vida, al girar, nos obliga a mirar de frente lo que fuimos para entender lo que somos.

Este retorno no significa nostalgia ni derrota, sino conciencia y este es el momento en que dejamos de resistirnos a nuestra propia historia y comenzamos a reconciliarnos con ella. Comprendemos que perdonar no es olvidar, sino aceptar; que el tiempo no cura por sí solo, sino que enseña a mirar con mayor profundidad. 

En conclusión, la vuelta de la vida no es un final, sino un despertar y es el punto en el que el pasado se integra, el presente se habita con lucidez y el futuro se afronta con serenidad.

                                                          Ferran Aparicio

                          25 de noviembre de 2025







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