El brillo tiene poder porque
toca nuestra percepción inmediata, pues lo vemos, lo admiramos, y sentimos que
nos pertenece incluso antes de conocerlo de verdad. Pero el brillo superficial
es engañoso.
La vida cotidiana está llena
de ejemplos de esta paradoja, pues hemos visto relaciones relucientes al
público desmoronarse en privado; hemos admirado discursos que suenan
convincentes pero que carecen de sustancia; hemos deseado objetos y estilos de
vida que, al alcanzarlos, nos dejan un vacío inesperado.
La lección es simple, pero rara vez fácil; lo
que brilla a primera vista no garantiza valor y para descubrir la verdad detrás
del resplandor, es necesario mirar más allá, mirar con paciencia, observar los
detalles invisibles y escuchar aquello que no se dice.
Los personajes que se dejan
seducir por lo visible pierden la oportunidad de encontrar lo auténtico,
mientras que aquellos que buscan lo oculto descubren tesoros invisibles, pero
el mensaje de esta frase no es solo prudencia; también es un recordatorio de
esperanza y de riqueza silenciosa, pues, así como el brillo superficial puede
engañar, lo que parece opaco o modesto puede contener valor verdadero.
La discreción, la humildad,
los gestos silenciosos de bondad, el conocimiento que se cultiva con esfuerzo,
la paciencia de quien escucha sin ser visto… todo eso reluce con una luz
propia, que no ciega ni deslumbra, pero que ilumina de manera duradera.
Aprender a distinguir entre
el brillo y la esencia es aprender a vivir con atención, a cultivar la mirada
interior, a valorar lo que importa y no lo que simplemente impresiona. No es un
camino fácil: requiere reflexión, paciencia, un criterio propio que no se deje
guiar por la prisa ni por la sed de aprobación. Pero es un camino que conduce a
la autenticidad, al discernimiento y, finalmente, a la sabiduría.
En última instancia, no es oro todo lo que reluce, y quizá
esa sea la enseñanza más profunda: el verdadero valor rara vez se anuncia con
destellos. Se encuentra en lo oculto, en lo discreto, en lo que resiste la
prueba del tiempo y de la mirada superficial. Quien aprende a mirar más allá
del brillo descubre que la vida está llena de tesoros invisibles, que la
verdadera riqueza no reluce en la superficie, sino que se ilumina
silenciosamente desde dentro.
Ferran Aparicio
15 de Diciembre de
2025
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