Vistas de página en total

jueves, 8 de enero de 2026

ENTRE EL BRILLO Y LA VERDAD

 Hay un resplandor que nos atrae desde siempre, es como n brillo que nos hace girar la mirada, que nos impulsa a desear, admirar, incluso a anhelar aquello que se presenta como valioso. Como humanos que somos  nos fascina lo que reluce, como un objeto lujoso, un rostro encantador, una promesa seductora, una palabra que cae perfecta en el momento justo,  pero sin embargo, la sabiduría popular nos advierte que  no es oro todo lo que reluce.

El brillo tiene poder porque toca nuestra percepción inmediata, pues lo vemos, lo admiramos, y sentimos que nos pertenece incluso antes de conocerlo de verdad. Pero el brillo superficial es engañoso.

La vida cotidiana está llena de ejemplos de esta paradoja, pues hemos visto relaciones relucientes al público desmoronarse en privado; hemos admirado discursos que suenan convincentes pero que carecen de sustancia; hemos deseado objetos y estilos de vida que, al alcanzarlos, nos dejan un vacío inesperado.

 La lección es simple, pero rara vez fácil; lo que brilla a primera vista no garantiza valor y para descubrir la verdad detrás del resplandor, es necesario mirar más allá, mirar con paciencia, observar los detalles invisibles y escuchar aquello que no se dice.

Los personajes que se dejan seducir por lo visible pierden la oportunidad de encontrar lo auténtico, mientras que aquellos que buscan lo oculto descubren tesoros invisibles, pero el mensaje de esta frase no es solo prudencia; también es un recordatorio de esperanza y de riqueza silenciosa, pues, así como el brillo superficial puede engañar, lo que parece opaco o modesto puede contener valor verdadero.

La discreción, la humildad, los gestos silenciosos de bondad, el conocimiento que se cultiva con esfuerzo, la paciencia de quien escucha sin ser visto… todo eso reluce con una luz propia, que no ciega ni deslumbra, pero que ilumina de manera duradera.

Aprender a distinguir entre el brillo y la esencia es aprender a vivir con atención, a cultivar la mirada interior, a valorar lo que importa y no lo que simplemente impresiona. No es un camino fácil: requiere reflexión, paciencia, un criterio propio que no se deje guiar por la prisa ni por la sed de aprobación. Pero es un camino que conduce a la autenticidad, al discernimiento y, finalmente, a la sabiduría.

En última instancia, no es oro todo lo que reluce, y quizá esa sea la enseñanza más profunda: el verdadero valor rara vez se anuncia con destellos. Se encuentra en lo oculto, en lo discreto, en lo que resiste la prueba del tiempo y de la mirada superficial. Quien aprende a mirar más allá del brillo descubre que la vida está llena de tesoros invisibles, que la verdadera riqueza no reluce en la superficie, sino que se ilumina silenciosamente desde dentro.

                                                           Ferran Aparicio

                                               15 de Diciembre de 2025

                       

                                  

No hay comentarios:

Publicar un comentario