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jueves, 8 de enero de 2026

BOCACHANCLAS

El bocachanclas es un personaje tan antiguo como la palabra misma, y, sin embargo, siempre actual  y simplemente es aquel individuo cuya boca no conoce pausa, cuyo impulso de hablar supera cualquier prudencia, porque sus palabras brotan sin filtros, como manantiales desbordados, y a menudo dejan a su paso una estela de risas, malentendidos o conflictos.

En su esencia, el bocachanclas encarna la tensión entre pensar y decir por aquello que dicen lo que piensan pero piensan lo que dicen ,  mientras otros miden y sopesan cada sílaba, este personaje lanza sus ideas al viento, con la ingenuidad o descuido de quien cree que la palabra es un juguete y no un arma; pero no se trata simplemente de hablar mucho, sino  la característica definitoria del bocachanclas es que sus palabras tienen consecuencias, aunque él rara vez las anticipe.

Es evidente que sbocas no conocen la discreción; sus lenguas se convierten en puentes que unen lo íntimo con lo público, lo privado con lo social, a veces para deleite, otras para desconcierto.

La fuerza del bocachanclas reside, paradójicamente, en su vulnerabilidad: su exceso de palabras lo hace humano, cercano y, a veces, entrañable, y su boca se convierte en un espejo de sus emociones: ansiedad, entusiasmo, orgullo o incluso miedo, todos se filtran por sus labios y tanto es así, aunque a menudo sea objeto de bromas, también provoca empatía: todos reconocemos en él la parte de nosotros que habla antes de pensar, que se deja arrastrar por la inmediatez de la voz.

El bocachanclas también es un recordatorio de la importancia del silencio y de la prudencia, pues sus excesos verbales contrastan con la sabiduría del que escucha, del que pondera cada idea antes de liberarla al mundo. En este sentido, es un personaje pedagógico, aunque involuntario: nos muestra, con humor o exasperación, lo que puede suceder cuando las palabras se desbordan sin control.

En conclusión, el bocachanclas es mucho más que un simple hablador imprudente, es un símbolo de la condición humana, de nuestra necesidad de ser escuchados, de dejar nuestra huella a través de la palabra, y del riesgo constante de que nuestras voces nos delaten, nos arrastren o nos sorprendan y su existencia nos recuerda que hablar demasiado puede ser tanto un don como una trampa, y que la medida del silencio a veces vale más que mil palabras dichas con exceso.

                                                                      Ferran Aparicio

                                                                 5 Diciembre de 2025

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