Un medio de expresion donde lo cotidiano se expresa intentando aprender a darle tiempo al tiempo, a esperar ese momento , mi momento, nuestro momento, porque todo llega cuando tiene que llegar.
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sábado, 10 de octubre de 2026
NOSTALGIA DEL PASADO.
miércoles, 1 de julio de 2026
EL VALOR DEL TIEMPO
Desde el inicio de la vida, el ser humano está acompañado por un elemento invisible pero constante: el tiempo. No podemos verlo ni tocarlo, pero sentimos su paso en cada etapa de nuestra existencia, pero el tiempo avanza silenciosamente, sin detenerse para nadie, y justamente por eso se convierte en uno de los bienes más valiosos que tenemos.
Sin embargo, muchas personas no son conscientes de su importancia hasta que sienten que ya es demasiado tarde para recuperar lo que dejaron pasar. Una de las principales razones por las que el tiempo se desperdicia es la falta de conciencia sobre su verdadero valor y a diferencia de otros recursos, el tiempo es limitado y no puede recuperarse, pues está claro que cuando se pierde dinero, existe la posibilidad de volver a ganarlo; cuando se rompe un objeto, puede reemplazarse; pero cuando se pierde tiempo, ese momento desaparece para siempre. Cada minuto que pasa se convierte en parte del pasado y nunca volverá a repetirse exactamente igual.
Otro motivo por el cual muchas personas no valoran el tiempo es la ausencia de objetivos claros, porque alguien no tiene metas o propósitos definidos, suele vivir de manera automática, dejándose llevar por la rutina diaria.
Valorar el tiempo implica también reconocer que cada etapa de la vida tiene su propia importancia; en la infancia es una época de descubrimiento, curiosidad y aprendizaje, durante estos años se forman muchas de las bases de la personalidad y del conocimiento; la juventud, por su parte, es un momento lleno de energía, sueños y decisiones que pueden marcar el rumbo del futuro y resulta una etapa ideal para aprender, experimentar, equivocarse y crecer.
La adultez suele estar marcada por la responsabilidad y la construcción de proyectos de vida, y en esta etapa muchas personas trabajan para alcanzar estabilidad, formar una familia o desarrollar su carrera profesional, y finalmente, la vejez representa un momento de reflexión, experiencia y sabiduría. Las personas mayores suelen mirar hacia atrás y comprender con mayor claridad la importancia que tuvo cada decisión y cada momento vivido.
Comprender el valor de cada etapa ayuda a vivir con mayor conciencia, y no se trata de querer adelantar el futuro ni de vivir con miedo al paso del tiempo, sino de aprovechar cada momento según lo que corresponde a cada etapa de la vida. Disfrutar la infancia, aprender en la juventud, construir en la adultez y reflexionar en la vejez son partes naturales del proceso de vivir.
Sin embargo, valorar el tiempo no significa vivir con ansiedad o con prisa constante, pues no se trata de llenar cada minuto de actividades, sino de vivir con sentido y con conciencia. A veces, aprovechar el tiempo también significa detenerse para reflexionar, descansar, disfrutar de un momento de tranquilidad o compartir una conversación con alguien importante.
Por esta razón, es importante aprender a vivir el presente; el pasado ya no puede cambiarse y el futuro aún no ha llegado, pero el presente es el momento en el que podemos actuar, tomar decisiones y construir nuestro camino, y cada día representa una nueva oportunidad para aprender algo, mejorar como persona y acercarnos a nuestros objetivos.
En conclusión, el tiempo es uno de los recursos más valiosos y a la vez más frágiles de la vida humana. No podemos detenerlo ni recuperarlo, pero sí podemos decidir cómo utilizarlo. Cuando aprendemos a valorar cada momento, cada etapa y cada oportunidad, comenzamos a vivir de manera más consciente y significativa. Entender el valor del tiempo nos permite construir una vida más plena, llena de experiencias, aprendizajes y recuerdos que realmente valen la pena:
Ferrán Aparicio
30 de Junio de 2026
jueves, 15 de enero de 2026
UN VIAJE INTERIOR A LA CONSCIENCIA
Cada pensamiento es una forma sutil de arquitectura y aunque muchos son pasajeros, aquellos que repetimos con emoción se convierten en estructuras internas desde las cuales interpretamos la realidad. La Ley de la Atracción sugiere que no atraemos lo que queremos, sino aquello con lo que vibramos de manera constante.
La emoción es el verdadero mensaje que emitimos al mundo, y el miedo estrecha el horizonte; la confianza lo expande. La gratitud afina la percepción; la queja la enturbia. Consecuentemente desde esta visión, la emoción no es debilidad, sino brújula.
Más allá del pensamiento consciente, habita la identidad: aquello que creemos ser. Desde ahí se generan expectativas, decisiones y límites invisibles. Transformar la realidad implica, primero, revisar quién creemos que somos.
Visualizar no es fantasear, sino recordar una posibilidad dormida. Es permitir que la mente se familiarice con un futuro más amplio, preparando al corazón para recibirlo sin resistencia.
Las palabras no solo describen: moldean, y el diálogo interno constante define el clima emocional en el que vivimos. Cuando la palabra se vuelve consciente, deja de herir y comienza a sanar.
La gratitud es una forma elevada de presencia. Agradecer no significa negar el dolor, sino reconocer que incluso en la imperfección hay aprendizaje. Desde la gratitud, el deseo se purifica.
Hay que matizar que la espiritualidad auténtica se manifiesta en lo cotidiano y cada acción coherente es un acto de fe silencioso. La Ley de la Atracción no recompensa la pasividad, sino la intención en movimiento.
Atraemos vínculos que reflejan el trato que nos damos a nosotros mismos. Donde hay amor propio, surge respeto; donde hay carencia, aparece dependencia.
Cuando el trabajo se alinea con el sentido interior, deja de ser carga y se convierte en servicio. La abundancia fluye mejor cuando el propósito es claro, y el cuerpo escucha aquello que la mente calla. Aunque no todo síntoma es emocional, vivir con mayor conciencia favorece el equilibrio y el autocuidado.
La Ley de la Atracción, en su forma más elevada, no trata de controlar el destino, sino de refinar la conciencia y no busca un universo obediente, sino un ser humano despierto ycuando cambia la percepción, cambia la experiencia.
Ferran Aparicio
15 de Enero de 2026
martes, 1 de julio de 2025
DEJANDO EL PASADO ATRÁS
El pasado puede ser un lastre que nos impida avanzar hacia nuestro futuro y sin embargo, es fundamental aprender de las experiencias pasadas para no repetir los mismos errores. Hay que enfócarse en aprender de tus errores y utilizar esa sabiduría para construir un futuro mejor.
A veces, nos aferramos al pasado y nos torturamos con cosas que no podemos cambiar por lo que resulta importante reconocer que hay situaciones y eventos que están fuera de nuestro control y que no podemos cambiar.
Superar el pasado implica perdonar a los demás y perdonarte a ti mismo es la solución a las cargas de conciencia, pues el perdón no es olvidar o justificar las acciones pasadas, sino liberarte de la carga emocional que conllevan.
Perdonar no significa ignorar lo sucedido, sino dejar de permitir que el pasado te condicione y te impida avanzar hacia un futuro lleno de oportunidades y crecimiento personal.
Perdonar y cerrar ciclos son dos acciones fundamentales para el crecimiento personal y emocional, pues el perdón nos libera del peso del resentimiento y nos permite avanzar hacia una vida más plena y tranquila.
En definitiva como decía Paolo Cuello, cerrar ciclos, implica poner fin a etapas pasadas y abrirnos a nuevas oportunidades.
Tomar la decisión de perdonar y cerrar ciclos puede ser difícil, pero reflexionando en el punto que te encuentras, te recordará que es posible y que vale la pena, Permítir soltar el pasado y dar paso a un futuro lleno de paz, felicidad y nuevas oportunidades.
El inicio de un nuevo día es un regalo, una oportunidad para reinventarnos y dejar atrás los errores del pasado. A veces, la vida puede ser abrumadora y nos encontramos atrapados en la rutina y la monotonía, sin embargo, es importante recordar que cada día es una nueva oportunidad para enmendar nuestros errores y comenzar de nuevo.
Superar el pasado puede ser un desafío emocionalmente agotador, pero con la ayuda adecuada, puedes encontrar la fuerza necesaria para seguir adelante. Aunque hayamos enfrentado adversidades y cometido errores, siempre tenemos la capacidad de tomar decisiones que nos permitan crecer y transformarnos en la persona que deseamos ser.
Por otra parte el perdón es un proceso importante para superar el pasado y encontrar la paz interior porque el perdón no implica olvidar lo sucedido, sino liberarnos del dolor y el resentimiento que nos mantienen atrapados en eventos pasados.
Cuando enfrentamos cicatrices en nuestra vida, ya sean físicas o emocionales, a menudo nos sentimos debilitados y desanimados. Pero sin embargo, hay una poderosa forma de transformar esas cicatrices en fortalezas, meditando, como recordatorio de mente en blanco inspirando que somos capaces de superar cualquier adversidad y convertir nuestras experiencias en lecciones de vida.
Ferrán
Aparicio
1 de Julio de 2025
jueves, 25 de agosto de 2022
PASADO, PRESENTE Y FUTURO
Hace tiempo me obsesioné con el espacio tiempo, en cuanto que sin anclarme en el pasado, el futuro llegaba demasiado rápido, la transición entre el presente y futuro era inmediata, hasta que una psicóloga me aseveró que debía anclarme en el presente inmediato, pues era el secreto para disfrutar de la vida.
Y así lo hice intentando eliminar aquello que todo
aceleraba esa transformación entre presente futuro y con pocas miradas al
pasado, simplemente en ocasiones para recordar éxitos y errores que valían la
pena analizar, recordar y repasar como guía para una situación especial vivida
en el presente o con proyección en el futuro.
Sin embargo si analizamos el factor tiempo te das
cuenta que por regla general, el tiempo
vuela cuando nos lo estamos pasando bien, en bodas, fiestas, viajes …. y
acontecimientos que hemos estado esperando y preparando y cuando te quieres dar
cuenta pasan fugazmente dejando un rescoldo de satisfacción temporal, pero
también es cierto que también pasa rápido cuando nos hacemos mayores, pues
tenemos más consciencia de la fugacidad.
En realidad si lo pensamos conscientemente el tiempo
es un valor fijo medido, en segundos, minutos y horas, días, semanas y meses, y
desde lo general en años, pero esa sensación de que los minutos corren a mayor
velocidad según cumplimos años es una sensación generalizada, y su explicación
no es el tiempo físico conceptual sino nuestra apreciación consciente respecto
a su transcurrir.
El paso cronológico de los minutos, las horas, los
días y los años en nuestros relojes y calendarios es un fenómeno constante y
que se puede medir. Sin embargo, nuestra percepción del tiempo cambia
continuamente, según las actividades que realicemos, nuestra edad e incluso
cuánto tiempo dedicamos exclusivamente al descanso.
Se ha analizado este procedimiento por científicos y
según se desprenden de estas teorías el concepto del paso del tiempo gira en
torno a una idea principal: el tiempo que experimentamos representa los cambios
percibidos en los estímulos mentales, lo cual implica que cada uno de nosotros
tenemos muestro propio tiempo mental en
relación a los estímulos producidos en nuestro propio cerebro.
Básicamente, lo que viene a decirnos este físico es
que el tiempo físico no es tiempo mental. El tiempo que percibe uno
mismo no es el mismo que el que percibe el otro.
Cuando envejecemos, la velocidad a la que se perciben
los cambios en las imágenes mentales disminuye debido a varias características
físicas transformadoras, que incluyen la visión, la complejidad del cerebro y,
posteriormente, la degradación de las vías que transmiten información.
En definitiva los grandes sabios llegan a la
conclusión que el tiempo físico no es
tiempo mental y por tanto el tiempo que percibe uno mismo no es el mismo
que el que percibe el otro, por lo que finalmente desde la ignorancia
científica que padece el que escribe inocentemente, se llega a la conclusión
que la causa fundamental se centra en que somos nosotros o nuestro cerebro los
que producimos la aceleración del tiempo, por lo que les recomiendo que no
paren el tiempo , y les animo a que simplemente traten de aquietar el
procedimiento disfrutando del segundo del momento.
Ferrán
Aparicio
25 de Agosto de 2022
martes, 15 de marzo de 2022
PRESENTE Y SOLO PRESENTE
La clave de la felicidad parece estar relacionada con utilizar todos nuestros sentidos y prestar atención a la información que nos llega a través de ellos: desarrollar una consciencia presente y plena.
La Psicología positiva ha puesto de manifiesto que el bienestar psicológico se alimenta de la capacidad de focalizar nuestra mente en lo que está pasando en el momento determinado en el que te encuentras.
Vivir el instante presente, requiere un trabajo constante y progresivo de nuestra mente, una mente que no ha sido entrenada tiende por naturaleza a la dispersión, a volver al pasado y a pensar en el futuro, dejando de vivir aquello que tenemos y es como el tiempo , el presente que no es más que el ahora.
Vivimos para lo próximo que nos va a ocurrir, y esto nos lleva a numerosos desajustes emocionales, pues cuando nuestra mente vive constantemente preocupada sobre el futuro, la ansiedad se apoderará de nuestro presente y cuando nuestra mente viva anclada en el pasado, será la tristeza y la desesperanza quien se apoderará de nuestros días.
Las personas somos frágiles cuando no paramos de hacernos preguntas sobre el pasado y el futuro, lo que resulta un proceso humano y natural, pero lo que resulta evidente es que el pasado y el futuro solo existen en nuestros pensamientos, por lo tanto, lo verdaderamente real está en el presente y hay que vivirlo intensamente.
Dicen los expertos que la palabra presente tiene el poder de influir en la regulación de la tensión física y emocional, pues los seres humanos estamos programados inicialmente para preocuparnos.
El secreto está en saber que se está haciendo en todo momento, ahí se encuentra el verdadero poder, aceptando las cosas como son y cambiarlas si somos conscientes que no son lo que queremos en el momento. Si somos capaces de focalizar en nuestra mente el momento presente, podremos controlar los pensamientos errantes que nos alejan de la consciencia plena.
Si somos capaces de no recordar las circunstancias negativas del pasado, nuestro estado emocional crecerá continuamente, potenciando nuestro bienestar en sí mismo, incluso si remembramos circunstancias positivas, si son recurrentes, afectan al gozo del momento presente, ya que conllevan un sentimiento de nostalgia, aquella idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor.
El presente es el único lugar en el que podemos actuar sobre la realidad, en el que nuestros días son realidades y donde encontramos las oportunidades, por lo que les animo a tomar consciencia en el hecho de controlar actos tan presentes y tan naturales como la respiración, lo que nos ayuda a comprender que estamos vivos.
Ferrán Aparicio
15 de Marzo de 2022
jueves, 15 de junio de 2017
INSPECCIÓN TÉCNICA PERSONAL
martes, 31 de mayo de 2016
LA VIDA,..., SI VA EN SERIO.
miércoles, 25 de febrero de 2015
EL PASADO TAMBIEN MARCA

Mucho se ha dicho sobre la necesidad de vivir el presente como concepto de vida, pero la verdad es que venimos y vivimos coherentemente de un pasado, pues el tiempo va hacia delante y ese segundo que está pasando casi ya es pasado.
La pura verdad es que en mi modesta opinión el pasado marca, pues en definitiva es lo que nos ayuda a tener una experiencia que nos marcan nuestras creencias como resultado de los significados que le damos a las cosas, conceptos y emociones, por decir un algo.
La creencia como concepto es aquello que etiquetamos en el mundo de la realidad es como una hipótesis en la que creemos sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre las cosas, sin embargo en el tiempo nos cuestionamos a nosotros mismos cuestionando nuestras creencias.
El problema surge cuando en el presente nos enfrentamos a ponernos en cuestión aquellas creencias que creemos que nos limitan y anclan en cierta forma en el pasado y en el fondo o en la forma son meras hipótesis limitadoras de nuestra evolución.
La cuestión surge cuando nos autoanalizamos y no sabemos diferenciar entre nuestras creencias y nuestras experiencias que nos han marcado en el pasado.
No es cuestión baladí el llegar a diferenciar aquello que es real y lo que suponemos real porque creemos haberlo vivido o sentido, sólo cuando algo no nos cuadra salta la liebre de la duda, en cuanto que llegamos a pensar si realmente estamos en lo cierto o es un montaje que llevamos arrastrando desde hace tiempo, por influencia, casualidad o causalidad como siempre.
Nunca es tarde cuando la dicha es buena, pero lo que también es cierto que no podemos a determinadas alturas de la vida perder el tiempo con algo que nos ancla en el pasado y nos limita a crecer y en definitiva a vivir según nuestra propia identidad.
Cada uno de los aspectos en los que creemos son los que integran nuestro mundo y no estamos obligados a mantenerlo definitivamente toda una vida. Es por ello que hacer limpieza y simplificar es una forma de dar un sentido a la vida más acorde con el presente inmediato.
Es evidente que todas estas influencias y circunstancias personales acaban configurando una determinada forma de pensar, pero también es cierto que en la variación está el gusto de vivir y no nos podemos mantener toda una vida con el mismo planteamiento general en el guion de nuestra vida.
No podemos renunciar a la educación que hemos recibido, ni a la experiencia que hemos acumulado, pero si podemos replantearnos el guion, pues no existe nada ni nadie que nos impida caminar hacia adelante, pues lo que está claro que anclarnos en el pasado no nos aporta nada.
Ferrán Aparicio
25 de febrero de 2015



