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martes, 5 de julio de 2016

INTELIGENCIAS Y CAPACIDADES

Hablar De inteligencias y capacidades es hablar de palabras mayores, solo hay que murar alrededor de donde usted esta situado en este momento para darse cuenta que los recuerdos  y acontecimientos que mejor se fijan en nuestra mente son aquellos asociados a vivencias emocionales.

Si lo mejor que recordamos es aquello experimental-emocional hay que replantearse si en un mundo especialmente cambiante y comunicativamente rápido y complejo predecir en base al pasado puede ser coherente con nuestra realidad actual.

Si somos sinceros y examinamos nuestra memoria honestamente nos damos cuenta que gran parte de lo que recordamos no sucedió tal como nosotros lo recordamos, salvo error o excepción.

La mente es capaz de viajar al pasado sin embargo nuestra mente está sesgada por nuestros sentimientos y creencias actuales, lo cual supone un filtro a la hora de valorar las emociones vividas en el pasado.

Jeff Hawhins definía la inteligencia como la capacidad para realizar predicciones válidas para nuestra vida, de ahí lo inteligencia y capacidad van asociadas en una proyección hacia el futuro que depende mucho de la fragilidad de nuestra memoria en cuanto a creencias y emociones vividas o sentidas.

En este sentido nuestro posicionamiento ante la vida nos  sesgara hacia lo positivo o lo negativo en cuanto al posicionamiento de pensar que la felicidad que nos traerá un determinado bien o acontecimiento.

Cuantas veces nos hemos preocupado por algo que nos estaba pasando y con la perspectiva del tiempo nos hemos dado cuenta que realmente era una tontería el haber sufrido por algo que realmente no valía la pena. A contrario sensu cuantas veces hemos creído que algo no valía la pena y una vez obtenido hemos sentido la felicidad de lo deseado.

Esto nos pasa en ocasiones más o menos a todos, pero también hay personas que viven más inmersas en una de estas tendencias. El posicionamiento a sesgo hacia lo positivo y sesgo a lo negativo, es lo que diferencia la inteligencia emocional de cada persona. Lo curioso del caso, es que no sólo esos escenarios imaginados no suelen ocurrir nunca, sino que además en el caso que ocurran, la reacción de la persona suele ser mucho mejor de lo que ella se esperaba, tanto a sesgo positivo como a negativo.

Le animo  con su inteligencia y capacidad a detectar en que tendencia nos identificamos más para saber si vamos a tener un sesgo positivo o negativo ante la vida , porque una vez te has equivocado siempre existe un plan “B”, con el rectificar y ajustarte a los nuevos datos , vivencias y emociones que tienes en este momento, tu momento.


                                                              Ferrán Aparicio

                                                           5 de julio de 2016

martes, 7 de junio de 2016

LA VOZ DE LA CONCIENCIA

Tuve la suerte de educarme en un ambiente donde el sentido común era la ley del juego. Nunca recibí reproches ni riñas especiales, sino simplemente una invitación al ejercicio del sentido común,  cuyo consecuencia inmediata estimulaba la reacción de saber si yo había actuado bien o mal.

A la vuelta de la vida y con un grado de experiencia he llegado a tener ese sentido común  como un hábito innato, si bien ha aparecido coetaneamennte la voz de la conciencia como un aliado inmediato a ese habito.

Hablar de la voz de la conciencia es hablar de una propiedad del espiritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones y en si mismo experimenta.

Todos de una forma u otra, y en un momento u otro sin llamar la atención especialmente hemos oído esa voz interior del conocimiento del bien que debemos hacer y del mal que debemos evitar, quizás de una forma inocentemente intuitiva pero con un conocimiento exacto y reflexivo de las cosas que nos estaban sucediendo o al menos intuíamos que nos podían suceder.

También es cierto que todo el mundo ni siente ni padece del mismo modo, quizás y solo quizás porque el grado de conciencia no es igual para todo el mundo y tiene mucho que ver con el conocimiento objetivo, el orden estético y por supuesto con los valores éticos y morales.

Sin embargo la voz de la conciencia aparece siempre en su justo momento, ni antes ni después y trata de persuadir la capacidad de conocer sentir y valorar, interponiendo la receta de los tres ordenes en sus justas proporciones.

Esta fenómeno natural nos da un planteamiento mezcla entre la intuición  el subconsciente traído a la conciencia y la propia inteligencia de poder valorar nuestras motivaciones, deseos y planteamientos dentro de un mundo de libertad propia, llevando todo este proceso bajo la voz de la conciencia a una negociación interna dentro de nuestras propias limitaciones, pero con la libertad de actuación que nuestra vida casi siempre nos da.

No hay que olvidar que recurrir a reflexionar lo que la voz de la consciencia nos indica, no tiene nada que ver con reaccionar con nuestros instintos propios, pues la racionalidad nos diferencia de otros seres vivos , para llegar a ser conscientes de lo que esta bien o mal , o al menos eso a nosotros nos lo parece.

Cada momento nos somete a una decisión, cada decisión origina conflictos y cada conflicto genera tensión, pero es importante escuchar y reflexionar sobre lo que la voz nos intenta comunicar, pues aunque no lo parezca todo tiene su sentido.

                                                               Ferrán Aparicio
                                                            5 de junio de 2016


                                  

martes, 15 de marzo de 2016

VOLUNTAD DE VOLUNTADES


VOLUNTAD DE VOLUNTADES,.., TODO ES VOLUNTAD
Después del último post en el que se hablaba de la intuición como el despertador biológico de los instintos básicos que las personas tenemos de una forma innata, en ese instinto básico de la supervivencia, sólo queda añadirle un poco de sal, para tener la receta perfecta y es que voluntad de voluntades,.., todo es voluntad.
 
El gran filósofo José Antonio Marina describe la voluntad como “la motivación inteligentemente dirigida ó la motivación dirigida por la inteligencia” e  intuitivamente no le falta razón.
 
No hay nada que se pueda comenzar si no hay voluntad de hacerlo, por mucho que tengamos claro el poder del deseo. La voluntad de hacer y ponerse en marcha es lo que determina que la motivación aparezca, ya que es la manera de ejecutar inteligentemente el motivo que nos mueve.
 
En ese acto inerte y voluntario, valga la redundancia es donde comienza la chispa  que enciende el mecanismo para que comportamientos que suelen ser  automáticos, empiecen a ser conscientes y voluntarios y es ahí donde nuestra libertad de hacerlo o no hacerlo tropieza con el factor motivación.
 
Normalmente nada es gratuito y todo nos cuesta algo, es por ello que muchas veces la voluntad  quede rezagada en la desgana, el cansancio o simplemente en el aburrimiento bien por falta de motivación, bien porque no tenemos claro que lo que nos proponemos voluntariamente  va a tener una meta clara.
 
El deseo es una llamada a la acción que necesita ser  reforzado por la voluntad, sin embargo una interrelación  en exceso o defecto de deseos   afectan a la voluntad, haciendo nuestros objetivos más inapetentes de la misma forma  que la esclavitud de la voluntad nos hace prisioneros en forma de adicciones y emociones.
 
De todos es sabido que  aplazar  la realización de nuestros trabajos y  proyectos consume más tiempo y energía que iniciarnos en su camino de ese momento mejor que sin embargo nunca llega.
 
Otros depredadores de la voluntad son aspectos como, la rutina, la inconstancia, la incapacidad, la obcecación o la tozudez, pues marcan un  camino improductivo que reducen la voluntad haciéndola fracasar.
 
Al final  de cualquier razonamiento  llegamos a la primera premisa como con cualquier silogismo en que la calidad de la voluntad va a depender de la calidad de la inteligencia, es decir en valorar lo que queremos voluntariamente e inteligentemente, porque  en cualquier caso, voluntad de voluntades,…, todo es voluntad.
 
                                                         Ferrán Aparicio
                                                    15 de marzo de 2016